María Esther Martínez Zúñiga y María Paz Nueno Bernués, compañeras del C. I. María Ana Sanz


Publicado el 23/10/2026 a las 07:33
Hay días en los que uno amanece tranquilo pero se tornan grises ante inesperadas y duras noticias. “Leri presso all’Ospedale di Pantalla è venuta a mancare all affetto del suoi cari”. Se fueron rodeadas de sus seres queridos y en su querida patria compartida. Y así, helados y desconcertados nos quedamos sus compañeros/as y nuestra comunidad educativa del Centro Integrado María Ana Sanz después del mazazo.
Estamos teniendo un annus horribilis porque en menos de 6 meses han partido dos queridas compañeras. Trabajadoras, entusiastas, amables y ambas volcadas en una de sus grandes pasiones que era enseñar. Formar a adolescentes tanto en lo profesional como en lo personal con paciencia, entrega y mucha dedicación.
Los que nos quedamos afrontamos como podemos sus partidas, el vacío que dejan. Los momentos vividos. Los tiramisús y esos bombones italianos con frases de la suerte que al comenzar el curso en septiembre, ya por tradición, nos traía María Esther Martínez Zúñiga. O los esquejes y plantas que nos ofrecía María Paz Nueno Bernués.
Esther era una mujer inteligente con cabeza germánica y corazón italiano. Organizada y meticulosa en sus clases, ejercicios y tareas. De ideas fijas y línea directa, volcada con su alumnado hasta que comprendieran ese asiento contable o ese documento que se les cruzaba. Siempre dispuesta a atender, en cualquier momento, cualquier hora, tanto a los presenciales como al alumnado online, sin ningún impedimento, así como al resto de profesorado sin molestarse.
Amante de la cocina italiana, su gata, el teatro y su querida familia: su tía, sus hermanos y sobrinos de su pueblo natal, Acedo. ¡Siempre sus sobrinos! Repartía el tiempo entre Acedo, Barañáin e Italia, para estar junto a su gran amor.
Por otro lado, Maripaz, de frágil apariencia pero fuerte como buena aragonesa, metódica, discreta y estricta con su trabajo. Siempre admiré su paciencia y meticulosidad, incluso en las pequeñas cosas. Trabajar con los adolescentes de hoy requiere empatía y saber estar. Y como buena madre, los entendía a la perfección. Trabajadora incansable también disfrutaba con las clases de pintura y con sus plantas. Huesca era su pueblo y sus raíces.
En su velatorio, su querida madre, con gran dolor y tristeza, nos contaba cómo en los últimos días le preguntaba “si había sido una buena hija”. Yo apostillo: una muy buena hija, una excelente madre y una extraordinaria profesora, de las de antes en tiempos actuales.
Ambas se han ido demasiado pronto, Esther con 61 años y Maripaz con 60, jóvenes todavía. Una recién jubilada y la otra, a punto de hacerlo después de una larga vida laboral enseñando juntas mesa con mesa, codo con codo.
Paradojas de la vida, descansáis ya en Italia y en Huesca, respectivamente, lugares que tanto amabais y tanto os llenaban de vida.
Vuestra ausencia duele, pero vuestro recuerdo, legado y cariño es el refugio donde siempre nos volveremos a encontrar los que hemos tenido la suerte de disfrutaros. Hasta siempre compañeras, hasta el cielo.
El autor era compañero de ambas en el Centro Integrado María Ana Sanz