Juan Francisco Balda Garralda, 'Tatín', persona y vecino de primera


Actualizado el 25/02/2026 a las 08:29
La tarde del miércoles18 de febrero corrió por el Valle de Elorz/Elortzibar una triste noticia: “Ha fallecido Tatín”. Era uno de sus vecinos más conocidos por su entrega a la gestión concejil y municipal, a la cultura y al deporte.
El sentimiento de tristeza ha sido general, como siempre que nos deja una gran persona, esposo, padre, abuelo, hermano, cuñado, tío, amigo y convecino ejemplar y generoso. Nuestra condolencia a su esposa Joaquina; a sus hijas Amaia y Ricky, Miren e Iker; nietos Naroa, Beñat y Lither; a sus hermanos Benito y Asunción; a Tere, viuda de Félix; a Tere y a todo el resto de la familia, particularmente a sus cuñados Ofelia, Juanjo e hijos. Para todos fue siempre ‘Tatín’ (1949-2026), de casa Escribanea (casa del cantero), hijo de Vitorio y Joaquina, nieto de Benito y Fermina, familia muy arraigada en Elorz, capital del valle hasta que en 1995 el crecimiento de Noáin hizo que se convirtiera en el núcleo importante y con servicios al que se trasladó la capitalidad.
Era un elortzibartarra total, conocedor de la geografía y la historia del valle. Había recorrido muchas veces los caminos del llano y las sierras de Tajonar y de Alaiz, subido al Txanburu y a la Higa. Desde su niñez sus escenarios de aventuras y descubrimientos fueron las viñas de txakoli de la solana, las excursiones al vecino valle de Aranguren por Andricáin, la cueva de Diablozulo en Ezperun, así como el río Elorz y sus remansos, que no tenían secretos en unos tiempos en que había madrillas y cangrejos. En otoño era la pasa de cardelinas y tarines por las huertas y de palomas en la sierra. Un tiempo en el que el ciclo vital lo marcaba la naturaleza.
Siempre quiso vivir en el pueblo, aunque trabajase un poco lejos, en Nissan Motor Ibérica S.A. en Noáin, recogiendo la historia de la empresa en una obra colectiva de estudios sobre el valle. Cuando conoció a Joaquina y decidieron casarse, por aquello de que “el casado casa quiere”, la construyó en la era de la familia, situada en un paraje que es el mirador de Elorz al valle, sólo comparable al de Zabalegui.
Su amor al pueblo y al valle no fue sólo estético, sino que tuvo un carácter vocacional profundamente humano. Fue abierto y generoso con todos porque lo primero eran las personas. Si alguien conocía a los vecinos era él, que amplió por su trabajo y presencia en el trabajo y la vida municipal en Noáin. Alguna vez comentamos que, si desapareciese el Registro Civil, sería capaz de reconstruirlo localidad a localidad y casa a casa. No lo negaba, pero reconocía que Noáin se lo había puesto muy difícil. Siguió el ejemplo de su padre comprometiéndose con la vida colectiva en el concejo y el ayuntamiento. Organizó y alegró con su guitarra y canciones los días de fiestas de agosto ‘autogestionadas’, cuando no las había oficiales porque no llegaba el presupuesto, siempre dispuesto a los trabajos por el común, con o sin auzolan, y a buscar soluciones a los problemas.
Su concepción cristiana de servicio al bien común le llevó a entregarse para mejorar la vida de sus convecinos en infraestructuras y servicios, particularmente en los deportivos y culturales. Puso su esfuerzo en la creación y funcionamiento de la Escuela de Música ‘Julián Gayarre’ en Noáin. Tuvo la suerte de poder ver la buena acogida, la continuidad y el apoyo de alumnos y padres, así como el nacimiento y los éxitos del Coro del Valle.
Sus últimos años han sido duros, pero sobrellevados con la bonhomía, fe y esperanza que le caracterizaban. Ahora que nos ha dejado podemos decir que ha pasado haciendo el bien. ‘Tatín’ ha sido una de esas “buenas gentes que viven, /laboran, pasan y sueñan,/y en un día como tantos,/descansan bajo la tierra”.
Le ha acogido el nuevo comentario que impulsó bajándolo de la ladera de la sierra al llano, cuando se va acercando la primavera y volverán a florecer los espinos que dieron el nombre a la localidad y al valle de Elorz (elorri, tze). En una tarde en que “el aire se llevaba/ de la honda fosa el blanquecino aliento./ Y tú, sin sombra ya, duerme y reposa; larga paz a tus huesos./ Definitivamente, duerme un sueño tranquilo y verdadero”. Mientras, tu familia, amigos y vecinos, cuando recorramos los caminos de nuestro valle, recordaremos tu silueta paseante y esperaremos, también, “hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera” (Machado).
Los autores son amigos y convecinos de Elorz