Jorge Hualde castillejo, un maestro vocacional


Publicado el 31/08/2026 a las 07:34
El pasado 23 de agosto despedimos en Valtierra a Jorge Hualde. Lo hicimos con tristeza, pero también con gratitud. Porque hay personas cuya ausencia deja un vacío y cuya presencia permanece. Jorge era una de ellas.
Lo conocí cuando tenía once años, en el Seminario de Pamplona, donde compartimos años de internado. Estudiamos magisterio juntos, pero la vida nos llevó después por caminos diferentes. Muchos años más tarde, la jubilación volvió a reunirnos en torno a un proyecto para recuperar la memoria de Ángel Oliver.
Jorge quiso ser libre desde joven. Le gustaba cantar, tocar la guitarra y componer canciones. Recuerdo aquella en la que se imaginaba náufrago feliz en el mar. Pero nunca estuvo realmente perdido. Pronto encontró su lugar en su familia, en la enseñanza y, sobre todo, en Valtierra, su pueblo.
Fue un maestro vocacional, comprometido con su profesión y querido por alumnos y compañeros. Tras pasar por Cañada Rosal(Sevilla) y Cadreita, en Valtierra desarrolló gran parte de su labor docente y directiva. Su compromiso fue mucho más allá de las aulas: se implicó en su comunidad y en la vida social de su pueblo.
Para Jorge, educar era hacer personas más libres, críticas y dueñas de su destino. Creía en una educación capaz de transformar la sociedad, despertar conciencias y abrir caminos. Sabía que educar en libertad exigía defender la democracia. Por eso luchó por ella y por la dignidad del profesorado, sus derechos y sus derechos laborales. Entendía que la democracia no es algo conquistado para siempre, sino una tarea que debemos cuidar y construir cada día.
Por eso fue fiel al espíritu de Antonio Machado, su poeta preferido: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Jorge hizo suyo ese mensaje. Admiraba a Machado y recordó siempre con emoción la visita con Mary Jose a su tumba, en Collioure.
Pero quizá la huella más profunda la dejó en su familia. Fue un esposo entregado y un compañero extraordinario para Mary Jose, a quien cuidó con amor. Para sus hijos fue mucho más que un padre: un referente y ejemplo de vida. Les transmitió su amor por la educación y sus valores humanitarios.
Hoy sentimos su ausencia, pero también nos queda la fortuna de haberlo conocido. Quedan sus enseñanzas, sus convicciones, sus luchas, sus canciones, sus conversaciones y recuerdos. Y, sobre todo, el ejemplo de un hombre bueno que entendió que la vida adquiere sentido cuando se pone al servicio de los demás.
En la despedida, Mary Jose, sus hijos, nietos, hermanos, familiares y amigos pudimos comprobar cuánto cariño había sembrado Jorge en su pueblo. El coro en el que cantaba quiso despedirlo dedicándole unas hermosas canciones. Fue la voz de todo un pueblo diciéndole adiós.
Descansa en paz, Jorge. Tu camino no termina aquí: permanece en quienes aprendimos de ti, en quienes te quisimos y en todo aquello que ayudaste a construir.
El autor es amigo del fallecido