Rafa Galé, una pizca de sangre azul


Publicado el 02/04/2026 a las 09:03
Yo veía que tenías algo de diplomático. O de rey, en el concepto de representación. Siempre estabas en tu sitio, siempre correcto, siempre con una leve sonrisa. Empleabas un lenguaje preciso y nada churrigueresco. Con elegancia y buena presencia te plantabas en cualquier escenario de la vida. Cogías la bandera que los demás evadíamos y tomabas la iniciativa para ser el delegado de equipo, poner siempre tu coche o reservar una mesa en un restaurante. En Sanfermines llevabas el bote y, no sé cómo lo hacías, estirabas el dinero un bar más que el resto.
Nos conocimos en 1981 en el Colegio Maristas: ¡¡¡vaya fábrica de hacer amigos para toda la vida!!! Los profesores, pronto me di cuenta, te hablaban como si te conocieran de toda la vida. Normal, eras el pequeño de una saga de numerosos hermanos, una familia irrepetible. Su reputación te precedía. Desde entonces, coincidimos en muchos más sitios: las Javieradas, el edificio de Ciencias Sociales, la mili, el barrio, los partidos de Osasuna, los viajes a Valencia, Madrid o Barcelona. Te recuerdo en la jura de bandera, ibas el primero en la formación. Como decía aquel sargento andaluz canijo: “Los guapos y altos, adelante; los pequeños y feos que se pongan atrás”.
Cada fin de semana echábamos un rato en el Black Queen, donde a nuestro grupo lo bautizaron como “Los Txuses”. Han sido años magníficos, buscábamos parecidos razonables y poníamos apodos, ¡nos hemos reído tanto! Nunca acabaré de agradecerte el consuelo y desahogo que me has brindado con motivo de la enfermedad de mi madre. Junto con otros amigos y compañeros, Iñaki y tú habéis sido mis soportes anímicos. El día de tu despedida me dijiste que cuidara de ella, justo cuando veía todo más cuesta arriba. Me diste un empujón para siempre. Te voy a echar mucho de menos. Qué pena que te hayas ido en una edad en la que todavía no corresponde. Has sido un ejemplo con mayúsculas de cómo ir por la vida. Te recordaré valiente y querido: sólo tuviste amigos. No me dejes de ayudar desde el cielo. Rafa, ¡qué bueno has sido para todos!
El autor es amigo del fallecido