José Luis Ochoa Ariza, extrabajador de Diario de Navarra


Publicado el 20/10/2025 a las 07:52
De forma inesperada, llegó hace muy poco el momento de su partida y nos dejó rotos de dolor. Ahora, entre lágrimas que no dejan de brotar, deseamos hacer un pequeño repaso de la vida de José Luis Ochoa Ariza, una vida que comenzó con una infancia difícil. De padre murchantino y madre tudelana, fue criado en Tudela hasta que, con solo 5 años, quedó huérfano de madre. Al poco tiempo, su padre le reclamó desde Argentina, donde había rehecho su vida. Los años siguientes fueron muy duros para él, nunca se sintió integrado en aquella familia, por parte de la que sufrió incluso desprecios.
A los 16 años fue enviado de nuevo a Tudela, con el riesgo de que, si nadie le recogía a su llegada, su destino sería un orfanato en Italia. ¡Cuánto miedo debió de pasar durante aquel viaje en un barco mercantil! Por fortuna, en Barcelona le estaban esperando sus tías, con cuyas familias convivió en la capital ribera durante varios años.
Al tiempo se trasladó a Pamplona, donde el trabajo ocupó gran parte de su vida diaria. Años y años repartiendo correspondencia en Burlada para Correos y muchos años también trabajando en Diario de Navarra. Era un trabajador incansable que no se permitía apenas tiempo para disfrutar.
Por fortuna, un domingo, 6 de febrero de 1977, acudió a fiestas de Santesteban, donde nos conocimos e iniciamos un noviazgo corto, pero intenso. El 4 de agosto del mismo año nos casamos, en el que recuerdo como uno de los días más felices de nuestras vidas. A partir de ahí, José Luis comenzó a disfrutar de la vida. Con la llegada de nuestros hijos, Daniel y Mamen, culminó nuestra felicidad.
Aunque continuó trabajando mucho para sacar a su familia adelante, también encontraba ratos libres para dedicarlos a su gran pasión, la bicicleta. Horas y horas pedaleando por la comarca, sobre todo por Ultzama. Y de vuelta a casa, nunca faltaba el ramo de flores que recogía de paso. ¡Cómo lloró el día que tuvo que aparcar la bici de forma definitiva! Sin embargo, a pesar de la tristeza que esto le produjo, supo encontrar otros alicientes que le crearon nuevas ilusiones: las tertulias con los amigos, los ratos de jotas, la compañía de Addie, su pequeña ninfa acomodada en su hombro… Y en todo lo que hacía, siempre a su lado Dani, para quien Ochoa lo ha sido “todo”.
Se fue sin esperarlo y nuestra ilusión de celebrar las bodas de oro se esfumó de repente. ¡Qué vacío tan grande ha dejado en su familia y en su entorno! Pero si algo bueno se puede sacar de su despedida es que se fue a lo grande; acompañado por cientos de personas, rodeado por decenas de centros de flores y, sobre todo, homenajeado como a él más le gustaba, con las jotas entonadas por sus amigos Josu, Laia y Roberto. No sé cómo agradeceros una despedida tan bonita.
Bueno, generoso, siempre dispuesto a ayudar a cualquiera, noble, cariñoso como el que más, disfrutón, alegre… el mejor marido y padre que pueda existir. Y quien le haya conocido sabe que no exagero. Siento que le debía este pequeño homenaje porque se merece que todo el mundo sepa qué persona tan maravillosa fue.
Quiero mostrar mi agradecimiento a quienes nos habéis apoyado y nos seguís apoyando en estos momentos tan duros. A pesar de la tristeza tan grande que nos ha dejado su partida, a pesar del dolor tan inmenso que nos causa su ausencia, nos queda la tranquilidad de saber que siempre será recordado con cariño por las personas que le queríamos, y la esperanza de volver a encontrarnos en el futuro. ¡Descansa en paz! ¡Hasta la próxima cita! ¡Te queremos siempre!
Los autores son la esposa y los hijos del fallecido