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Las hijas de Perseo

Las lágrimas de San Lorenzo congregaron a un centenar de aficionados que desafiaron al frío para verlas caer del cielo

Actualizada Domingo, 15 de agosto de 2010 - 02:00 h.
  • BLANCA ESTABLÉS LEARTE . FOZ DE ARBAYÚN.

QUE nadie se confunda. De fugaces tienen mucho, pero de estrellas poco. En realidad, ese haz de luz que cruza a toda velocidad el cielo son pequeñísimas partículas de polvo que al entrar en contacto con las capas altas de la tierra producen esa estela que puede llegar a iluminar el entorno y arrancar gritos de exclamación.

Pero mejor seguir denominándolas estrellas fugaces. Es más poético.

La noche del pasado jueves el mirador de la Foz de Arbayún se llenó de telescopios, mantas y termos de café para recibir a las Perseidas, conocidas también como las lágrimas de San Lorenzo; esas que el Santo derramó cuando fue asado en la parrilla.

Un cielo prácticamente limpio, , prometía pasadas las nueve y media de la noche muchas horas de frío y estrellas. Venus, puntual como siempre, se quedó el cielo sólo para él mientras que los asistentes a la observación, organizada por el Planetario de Pamplona y la Asociación del Observatorio Astronómico de Guirguillano, ajustaban los telescopios y desenvolvían el papel de plata de los bocadillos.

"Este año estamos unas 100 personas, el verano pasado calculamos más de 500. Lo que pasa que en Pamplona hacía un tiempo malísimo, y seguro que más de uno se ha quedado en casa", explica Javier Prat, miembro del Observatorio Astronómico de Guirguillano.

¿Dónde está el norte?

A las diez de la noche ya ha oscurecido lo suficiente para que Venus se haya ido a dormir y se empiecen a encender las linternas.

"¿Pero dónde está el norte aquí?" pregunta José Manuel Crespo, mientras ilumina con una linterna el planisferio. Sus hijos, Felipe y Ana, están sentados entre sus rodillas intentando localizar el triángulo de verano en la carta y en el cielo. Pero no, Altair no aparece en el mapa. "A ver, chicos, que lo estamos haciendo mal. Hay que colocar el mapa en el día 13 de agosto, y restar dos horas a la hora actual...", indica José Manuel mientras gira el planisferio. Ahora sí. Altair, Deneb y Vega. El cazo de la Osa Mayor, y contando tres estrellas y en línea recta, Polaris, la Estrella Polar. Ya tenemos el norte.

Pasadas las diez y media aparecen las mantas, las cazadoras, hamacas y bebida caliente. De vez en cuando se cuelan ráfagas de viento helado que arrancan gritos de protesta, pero merece la pena. El cielo está de película.

Fernando Jáuregui, astrofísico del Planetario de Pamplona, ofreció una clase improvisada de astronomía para reconocer las constelaciones o poder distinguir una estrella fugaz ( esas que pasan tan rápido que apenas las ves), de los bólidos, esas largas que dejan estela y que Hollywood tan aficionado es a poner en las escenas nocturnas románticas.

Y así, poco a poco, y señaladas por un puntero láser verde, similar a la espada de Luke Skywalker, van dibujándose todas las constelaciones en el cielo. A la derecha de la Estrella Polar, se ve el final de la Osa Menor (constelación a la que pertenece Polaris), luego Cassiopeia, que tiene forma de W y que ayuda a encontrar también el norte cuando la Osa Menor está escondida. Y al lado de Cassiopeia, la constelación del héroe que la rescató del malvado monstruo marino Cetus, Perseo, y del cual reciben el nombre la lluvia de meteoritos; Perseidas.

"Si miramos hacia allí podemos ver perfectamente a Deneb, Altair y Vega, que forman el triángulo de verano", continúa Fernando señalando con el puntero el cielo, "ahí está Arturo, y encima está...". No puede continuar porque suena un "Ahhhhhh" colectivo y los gritos de la gente lo interrumpen: "¿La habéis visto?", "Ha dejado una estela larguísima, ¡qué bonita!", "¿Dónde, dónde? ¡Me la he perdido!", "Otra, otra, justo ahí, ¡mira!"

Stellarium

Desde que apareció la primera estrella fugaz, sobre las once de la noche, todos los ojos se quedaron puestos en el cielo y en las mirillas del telescopio para ver la gran cantidad de haces que surcaron el cielo. La única luz que se veía era la de la brasa de algún cigarrillo y el flash de alguna cámara intentando capturar (casi siempre en vano) alguna estela. El frío hace que la gente se envuelva el cuerpo con mantas, pero pasadas las doce y media de la noche, quedan pocos valientes a la intemperie.

Perico Martorell, miembro también de la Asociación de Guirguillano, sacó cerca de la una un portátil y puso en funcionamiento el programa Stellarium, una aplicación gratuita que muestra el cielo, las constelaciones y sus dibujos. Alrededor de él se agruparon José Manuel Crespo con sus hijos y Daniel Mayor, Josemi Martínez e Íñigo Donázar: "Yo la verdad es que de este tema no sé mucho, me han convencido éstos dos para venir (señalando a Josemi y Daniel), pero ha sido una pasada, me ha encantado", reconoció Íñigo.

Hacia las dos de la madrugada, los telescopios se van desmontando y todo el mundo vuelve a su casa, salvo Joaquín Prat, que se quedó cazando meteoritos y haciendo fotografías hasta las cinco de la mañana. Por mucho frío que haga , o que las nubes amenacen tormenta, es un hecho que la popularidad de las lágrimas de San Lorenzo crece cada año. Perseo debe de estar orgulloso.

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Comentarios
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  • Nosotros estuvimos allí, con los hijos, una maravilla, espectacular, una clase practica con profesores encantadores, que poco sabemos de lo que tenemos encima, ademas creo que hasta se podría explotar como atractivo turistico, porque a quien se lo contamos y recomendamos para el año próximo, se lo apuntan en la agenda lamentando no haber ido esteRoberto
  • Frío? No creo, en Navarra hace el mejor clima del mundo. El mejor!Sevilla

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