Ni la Confederación Hidrográfica del Ebro, ni el Gobierno foral, ni los ayuntamientos se hacen responsables al respecto
Nadie esperaba que la tormenta eléctrica que se cernió el 21 de julio a las siete de la tarde sobre la balsa de la Morea, en Beriáin, fuese a descargar tres horas más tarde en Pamplona y su comarca una tromba de agua y granizo de 21 l/m3 en diez minutos. Si el diluvio fue a las diez y media de la noche, tres horas antes, una joven de vestido blanco, la misma de la fotografía, se convertía en testigo de excepción del preámbulo de una noche accidentada. Su nombre es Rebeca y tiene 14 años.
Las siete conocen bien este entorno. Vinieron por primera vez con sus padres con 8 años. Ahora lo hacen solas. "Todas sabemos nadar", dice Rebeca, "¿Miedo? ¿A qué?", ríen. "Lo que más nos gusta es meternos en el agua con la balsa hinchable. Lo único que te puede ocurrir es que vuelques o que aparezca una culebra", vuelven a reír. La tormenta está encima. Salen corriendo. En la balsa no se observa a ningún socorrista. Tampoco hay letreros que prohíban el baño. Sencillamente, no hay ningún tipo de vigilancia que garantice la seguridad en el baño de estas menores.
"No están vigilados"
En realidad, ninguna de los ocho piscinas naturales en las que la página web del Ministerio de Sanidad de España recomienda el baño en Navarra, por la calidad de sus aguas, se encuentran reguladas por una normativa que garantice la seguridad del bañista. De hecho, tanto el Gobierno de Navarra como la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), y los ayuntamientos niegan detentar cualquier competencia al respecto y alegan que la responsabilidad es del usuario. Sencillamente, se lavan las manos.
"A fecha de hoy no hay nada de nada. Los pantanos, embalses y ríos de la Comunidad foral no están vigilados", confiesa el responsable de seguridad del grupo acuático de la Cruz Roja. "Hace años, allá por el 2003 o 2004, gracias a un acuerdo con el del camping del pantano de Alloz hacíamos el favor de vigilar la zona habilitada para el baño. Pero fue algo puntual. Normalmente, cuando llevamos a cabo una maniobra, avisamos antes a SOS Navarra por si surge alguna emergencia en esa zona. Es por un tema de dinero. Hay que garantizar unas normas. Hace dos años falleció un joven en Alloz. Puede volver a suceder. Un corte de digestión, un golpe de calor... si nadie te ve, ahí te quedas. La gente no acude preparada. Los suelos son fangosos. Nadie garantiza la seguridad en los pantanos y embalses navarros. Alguien tendrá que arreglarlo. En otras provincias hay subcontratas. Hay que establecer una normativa, como en los encierros de vacas en los pueblos. Incluso, los vallados cumplen unas medidas de seguridad. Y siempre tiene que haber cerca una ambulancia preparada con un médico y una enfermera".
El 21 de julio de 2008, el joven ecuatoriano de 33 años, Pablo Rubén, moría ahogado en las aguas del pantano de Alloz . Había salido a nadar muy cerca de la zona del bar, cuando trató de cruzar a nado las dos orillas en compañía de su mujer y de su cuñada. Los tres se encontraban a varios metros de la orilla pero el joven se hundió de repente por causas que se desconocen. Ni la mujer ni su hermana pudieron hacer nada por salvar su vida. Y los testigos presenciales, según recogió este periódico, reconocían que las asistencias habían tardado mucho en llegar.
¿Es seguro?
Marivi Goñi Azanza, alcaldesa del valle de Guesalaz, expresa que el año pasado sí se vigiló el pantano, pero reconoce que fue de manera puntual. "Por la zona de Lerate", puntualiza. "Este año no la hay. Estamos en ello". Confiesa que hace falta regularizar la zona. "La suciedad está echando para atrás a muchos bañistas que antiguamente frecuentaban la zona". Los contenedores más próximos están en la entrada del pueblo. "Queremos normalizar y regularizar la situación con un parking de pago, una caseta de información, etc. A veces nos vemos obligados a llamar a la Policía Foral por el vandalismo que se está creando. Hay demasiados cabos que atar. Cuando no hay normas la gente piensa que puede hacer lo que uno quiera". La alcaldesa estima que la inversión en Alloz es de algo más de 200.000 euros. Una inversión que ya ha arrancado con la ampliación del parking y la creación de un merendero con 20 mesas de madera. El plan prevé incluir un espacio de servicios e información, una dársena para la práctica de surf y una pequeña playa con gravilla. Sin embargo, por el momento, lo que no contempla es un puesto permanente de vigilancia en la orilla. "Este asunto no lo tenemos claro. Hay que hablarlo. La Policía Foral suele patrullar por la zona".
Ayer, a las dos de la tarde, Gerardo Posada Laca era el único en introducir la punta del pie en las aguas de este mar turquesa. "No está ni fría ni caliente", dice. Sopla viento racheado, algo fresco. Gerardo se ha acercado a Alloz con dos amigos, Emilio Grande, de Bilbao, y Santos Hernández, de Barcelona." Hemos venido a pasar el fin de semana. " El embalse tiene pinta de ser seguro. ¿Lo es?", pregunta dubitativo, a la vez que dejan las toallas y las chancletas y se sumergen. "¡Hemos hecho bien en venir! ", exclaman satisfechos. Son los únicos en remojarse. Sólo un poco más allá, junto a unas señalizaciones del Gobierno de Navarra que prohiben hacer fuego y que informan sobre la navegabilidad del pantano, se encuentra una familia de San Sebastián.
"Hay que terminar de hacer la digestión", le dice el padre a su hija.
Susana González Díez, responsable de la Escuela Navarra de Vela, asegura que no existe ningún tipo de seguridad en este pantano, sólo el que pueden proporcionar ellos cuando navegan. "La afluencia cada vez es mayor y hay gente que intenta atravesar el pantano sin medir su capacidad. Las orillas no son peligrosas y por estas fechas el caudal está bajo".
Fuentes de la Confederación Hidrográfica del Ebro arguyen que el problema surge porque no hay una ley que regule el baño en los pantanos como en los ríos de Navarra.
Y, al contrario de lo que afirma el Gobierno de Navarra, la CHE declara que no es de su competencia garantizar la seguridad durante el uso lúdico. "Existe un vacío normativo al respecto", perseveran. "Podemos señalizar los puntos que creemos que son peligrosos por su proximidad a las instalaciones hidráulicas; sin embargo, estas indicaciones no te exigen cumplirlas. Al no existir ley... La responsabilidad es de cada uno. Las zonas de baño las establecen las comunidades autónomas".
En el pantano de Yesa ocurre más de lo mismo. "Aquí solo se pasa la Guardia Civil y para comprobar que los barcos varados en el pantano tienen los papeles en regla", pormenoriza Bernardo, dueño de uno de los campings ubicados en la primera línea. "¿Vigilancia?", ríe.
"La seguridad se la tienen que garantizar los propios usuarios. Se vigilan entre ellos. Hay veces que los hidroaviones cargan agua cuando se están bañando. Cualquier día va a suceder algo", coincide con el responsable de la Cruz Roja.
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