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Ana Mari Marín, la mujer del color rojo

"¡En Baztan los montes se ponen rojos! Es un sitio apacible, muy tranquilo, muy sin usar todavía"

Actualizada Viernes, 23 de julio de 2010 - 04:00 h.
  • ION STEGMEIER . PAMPLONA

Ana Mari Marín estará hoy más tranquila. Andaba estos días inquieta, de un lado a otro, porque no habían llegado los marcos, y los óleos y acuarelas desnudos se apilaban por las esquinas de su caserón. Casi en vísperas de abrir su tradicional exposición veraniega no ha dejado, sin embargo, de atender las visitas de amigas. En el jardín de Casa Vergarenea un grupo de ellas disfrutaba este martes de un champancito.

"¡Titi!", se dirige Ana Mari a una de ellas para pedirle que le acerque un papel. "A ella también le hice un retrato, en el año 70", susurra después. Lleva más de sesenta pintando.

Hoy, viernes, el aperitivo y los actos de inauguración de la muestra estarán hechos en su integridad por las amigas. Vergarenea, en Elizondo, será testigo de una nueva exposición de Marín, la número 40. Pueden llegarse a juntar hasta 500 personas. Suele haber música, actuaciones infantiles, a veces hasta conciertos de órgano en el jardín. Aunque este año Marín tiene menos ganas de fiesta, porque una hermana ha tenido un problema de salud y no se ha repuesto del todo.

Carácter pionero

El 13 de agosto de 1970 tuvo lugar su primera muestra veraniega, entonces en Villa Balda, también en Elizondo. Como entonces, los motivos de las obras expuestas remiten a Baztán: zampanzarres, Oronoz, una tormenta en Lekaroz, el Portillo de Arizcun... aunque también se cuelan este año paisajes de la bahía de Santander o La Rioja, entre otros lugares. Son 55 óleos y 20 acuarelas.

Ana Mari tiene 77 años y sigue pintando ocho o diez horas al día. No se cansa. "La gente se ríe, pero los pinceles adquieren una forma de tener la pintura que no puedes dejarlo", explica. "Sí. Yo ayer [el lunes] habría ido al estudio a las siete de la mañana y volví a Elizondo a las siete de la tarde, y no probé más que agua. Y mira lo hermoxita que estoy, ¿eh?", bromea. Pinta todos los días, sábados y domingos incluidos. Los cuadros los comienza a pie de paisaje y los remata en el estudio, ahora instalado en Amaiur (Vergarenea se le quedó pequeña). "Mis sobrinos me compraron la casa rectoral, porque un pintor no puede tener dinero. Y según cómo sea de generoso, menos".

A Marín le gusta abrir caminos. Su madre y ella fueron las primeras en vestir pantalones en el valle, por ejemplo, según se recoge en el libro que le dedicó el editor Martín de Retana. Habla de su cabeza como de un ordenador que ha visto todas las historias que ha experimentado a lo largo de los años , "todas agitadas", puntualiza vestida con una camisa a rayas abierta de la que se asoma el nombre y el escudo de Rusia, recuerdo de un viaje a San Petersburgo.

Con 33 años se presentó a concejal del Valle de Baztan. "Fueron las primeras elecciones después de la guerra, en el 66, porque no había nadie que se presentase", comenta. ¿Y ella por qué lo hizo? "Estaba viendo que en Elizondo estaban haciendo siete y ocho alturas. Yo no podía aguantar eso. Iban a destruir el valle", responde. Se domicilió separada de su madre -único requisito que le pusieron- y entró en el ayuntamiento. La primera mujer que lo hacía.

Baztan. El valle. Imposible imaginar a Marín en otro lugar. Como César Manrique en Lanzarote, la artista consiguió que se pusiera coto a la construcción. Le ayudó en esa tarea Javier Urmeneta, alcalde de Pamplona y luego diputado foral. "Yo entré y me pusieron en la concejalía de Urbanismo", relata. "Tengo un sentido estético de las cosas, un sentido humanista de la gente, de cómo tiene que ser una casa... pero no sé cómo tiene que ser el proyecto, y entonces no había los medios de ahora", recuerda.

No era el primer contacto de su familia con la cosa pública. Su padre fue alcalde republicano del valle. En esa época nació Ana Mari, en Paularena, una majestuosa casa vecina de Vergarenea.

El día que su padre, Blas Marín, enterraba a su propia madre, se le acercó un conocido del pueblo y le advirtió: "Blas, vete, porque han venido a matarte y te van a coger". El cementerio está camino de Francia, así que salieron de él en sentido contrario a como llegaron, hacia el destierro. "Yo tenía tres años. Nos tuvimos que ir. Éramos tres hermanos. Vivimos en Francia hasta los 8-9 años. Yo hablo francés pero no hablo el vasco, puedo coger palabras o entender cosas por el contexto", manifiesta.

"Ahí tengo todo el expediente del aita. Le venían a matar porque tenía unas ideas y las decía", se ríe. Su padre volvió en el año 40-41 y le recibieron con una multa de 50.000 pesetas de entonces, que serían millones ahora. Y luego lo desterraron a Madrid. "Un follón de cosas", resume ella.

Desde entonces Ana Mari vive en Elizondo. Más tarde, fue alcaldesa jurado del pueblo en tres periodos distintos. Ella se confiesa parte de los cuatro locos: "los cuatro locos que hicieron el Baztandarren Biltzarra, los cuatro locos que hicieron el museo etnográfico, los cuatro locos que hicieron la Coral de Elizondo, que anduvo por toda Europa y Sudáfrica...."

Marín, abrió además la primera oficina de Iberia en Pamplona, en el Hotel Tres Reyes. "Por esa razón tuve ocasión de viajar bastante a Estados Unidos, porque me ocupaba de los pastores que iban de aquí allá", señala. Recuerda la pintora baztanesa la solidaridad de aquella gente. "He visto allí reuniones de pastores donde al día siguiente te dicen, oye, mañana tenemos una reunión para la cosa de la sangre. O tengo un hijo que está enfermo, y todos arrimaban el hombro". Aquí, ahora, observa que la gente se vuelto muy egoísta.

No entiende de política, dice. Entiende de mentiras. "La mentira se ve bien fácil", sonríe.

Archivo de recuerdos

Su pintura también ha evolucionado. Los cuadros cada vez le salen más grandes. "Es muy bueno pintar grande, es maravilloso. Te equivocas a veces, empiezas a coger pinceles de pelo corto y pintas, y te dices "¡Pero qué tonterías estás diciendo, si yo soy de pintar con pincel gordo!", explica en el estudio que posee en el jardín de Vergarenea.

Es el lugar donde atesora sus recuerdos. Encima de las estanterías de las fotos (tiene 4.000 de Jorge Oteiza en cajas y álbumes) ha dispuesto una galería de fotos de amigos desaparecidos. Ahí está el maestro Fidalgo, Menchu Gal, Oteiza -en la famosa foto en la que mete la cabeza bajo una fuente y que ella inmortalizó en toda la secuencia-, Kepa Arizmendi, y un cuadro de Ciga del doctor Balda.

Ismael Fidalgo es la clave. Su maestro. llegó a Elizondo de soldado, a hacer la mili. Era pintor. Tendría unos 20 años. Siempre estaba pintando por el pueblo, y la niña Ana Mari lo veía. Ella andaba en bici. Siempre se paraba donde el soldado pintor. Hasta que éste un día le preguntó si conocía algún lugar para guardar sus pinceles y caballetes, ya que tenía que hacer un curso de eski en la nieve. "Si me los guardas, te dejo pintar un cuadro", dice Marín que fue su oferta.

Así empezó. Luego sus padres le pusieron un estudio. De ahí marchó al estudio de Menchu Gal en Madrid y también aprendió en el Círculo de Bellas Artes de la capital de España.

La relación con Oteiza merece capítulo aparte. La abuela de Ana Mari Marín regentaba una tienda en San Sebastián: Elisa Arin, Trouseaux et Layettes, que se dedicaba al ajuar de novias y a ropa infantil y de encaje. La reina Maria Cristina encargaba ahí su ropa interior cuando veraneaba en la capital donostiarra.

Su abuela nació en Orio y Jorge Oteiza también. Los Arin y los Embil están emparentados. Ella iba mucho con su abuela a casa de la tía de Jorge, por ejemplo.

El caso es que Oteiza y Marín se hicieron grandes amigos. El genio oriotarra estuvo muchas veces en Vergarenea. También en la inauguración. "Cuando murió su mujer vino a Lekaroz y estuvo en una celda. El pobre se aburría e íbamos a sacarlo, como si en el colegio estuviese. Para mí Jorge ha sido una gran persona y una muy buena persona. Que los medios lo han utilizado muchas veces para enfrentar". Es un tema que le enerva. "A él le podía dar igual pero la imagen que daban de él no era la real. Jorge era un hombre bondadoso, generoso, dispuesto...", enumera.

Como artista, le ayudaba, pero Marín no le hacía siempre caso. Él siempre le aconsejaba que fuera de verdad, que pintase como es. "Pero también me decía "Ana Mari, en vez de poner, quitar". Yo soy muy de arabescos, y yo no hago eso", se ríe.

Incluso puso un poco de color -rojo- en la imagen pública de Oteiza. "Jorge iba siempre vestido de gris -le brillan los ojos al recordarlo- le hacían fotos y yo decía: "joe, qué triste está". Yo siempre llevaba bufanda roja. Un día que estaba haciéndose una foto le dije: "¿Me dejas ponerte una bufanda? ya verás cómo te va a salir más bixi!" [vivo] Y me dijo, vale".

Se quedó la bufanda. Ya no quería dejarla. Las bufandas rojas se las traía ella de Londres. Luego ya le traía todo tipo de prendas de ese color, desde calcetines a pijamas.

Ahora duerme con él. Con Oteiza, con Menchu y con Vincent Van Gogh, que rodean su cama en la pared. También ha dedicado una vitrina íntegramente a Oteiza, con obras de arte, dibujos dedicados "para la gordi" y curiosidades, como una pipa que inventó y patentó el artista vasco, al revés que las normales. Tiene Marín otra vitrina dedicada a fichas y objetos de poker, una de sus grandes aficiones.

¿Que si Baztan tiene algo especial para que sea lugar de tantos pintores? "¡Aquí los montes son rojos!", exclama. "Se ponen así en otoño, es un sitio apacible, muy tranquilo, muy sin usar todavía, influye tener una característica del paisaje, y el colorido que se pone en este paisaje.El color te excita", señala. Baztan, para ella, se manifiesta en el color. Como decía su admirado Van Gogh, "el color expresa algo en sí mismo.

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Comentarios
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  • FELICIDADES POR TODO EL BIEN QUE HAS HECHO Y QUE HARÁS. TU VIDA Y OBRA ES DE ADMIRAR. ESPERAMOS VER DE NUEVO TU MARAVILLOSA EXPOSICIÓN. A BAZTÁN, LE QUEREMOS MUCHO. ELENA LEACHE
  • Zorionak para Ana MAri, una gran artista y toda una personalidad de Baztan, aunque un poco cabezona y anarquista con el coche jejebaztandarra
  • Me encanta la obra de Ana Mª Marin. Es genial.Maria Gaztelu
  • Interesante historia. Pienso que el apellido MARÍN nace de la unión de estos dos apellidos sefardíes de origen Español: MAR y ARINO = MARINO. Si ésto es así no resulta nada extraño que la familia ARIN proceda de Orio, pues como todos saben ese es un lugar eminentemente MARINERO.JAVIER
  • Interesante historia. Pienso que el apellido MARÍN nace de la unión de estos dos apellidos sefardíes de origen Español: MAR y ARINO = MARINO. Si ésto es así no resulta nada extraño que la familia ARIN proceda de Orio, pues como todos saben ese es un lugar eminentemente MARINERO.JAVIER
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