En noviembre de 1610 se condenó a la hoguera a seis vecinos de la localidad navarra
E L fuego que en noviembre de 1610 consumió la vida de seis de los once vecinos de Zugarramurdi condenados a la hoguera en Logroño -los otros cinco fallecieron en prisión y una efigie simbolizó su presencia en el suplicio- revivió ayer en la cueva del Akelarre. Prendió la llama en la oscuridad durante el epílogo de una escenificación sobre el aprendizaje de una joven en las artes de la brujería.
La representación se enmarcó en un acto de reencuentro entre Zugarramurdi y Logroño con motivo del 400 aniversario del denominado Auto de Fe de la Inquisición en el corazón en la capital riojana.
El baile extasiado, impregnado de un aroma entre enigmático, fantasioso y mitológico, fue interpretado en el prado contiguo del Akerra (Macho Cabrío), curiosamente ocupado por un ejemplar ovino de cornamenta poderosa, ajeno al espectáculo cultural con reminiscencias a un hecho luctuoso que conmocionó a los pobladores de la pequeña localidad fronteriza cuatro siglos atrás.
Lo sucedido -el apresamiento de 31 vecinos acusados de prácticas de brujería de los 53 detenidos por el inquisidor Juan del Valle Alvarado en su periplo por Navarra y País Vasco-, quedó grabado a fuego en la memoria colectiva como parte "de una historia de ignominia que no debemos olvidar, aunque sólo sea para aprender a no repetirla", como puso de manifiesto ayer el alcalde de Logroño, Tomás Santos.
Su presencia encabezó la delegación de su ciudad en la devolución de la visita dispensada por vecinos de Zugarramurdi, entre ellos su primer edil, Jesús Aguerre, hace dos semanas.
El ensamblaje de ambos términos en un "compromiso de amistad", según destacó Tomás Santos, quedó soldado en el descubrimiento original de sendas placas a ambos lados del antiguo hospital de Zugarramurdi, reconvertido en 2007 en Museo de las Brujas. Antes que retirar una cortina, los alcaldes prendieron por separado una lámina, con la imagen coloreada en blanco y negro de sus respectivas localidades. El papel ennegrecido por el fuego descubrió una sentencia para el futuro: "Logroño y Zugarramurdi celebran su reencuentro en paz y democracia 400 años después del Auto de Fe Inquisitorial contra las brujas de Zugarramurdi que tuvo lugar en Logroño".
El nuevo lazo de amistad y de "compromiso de entendimiento para cerrar viejas heridas", según subrayó el alcalde anfitrión, se anudó sobre una historia de delaciones, manipulación, gestos de valentía, juicios y condenas en una época oscura.
Koro Irazoki Arburua, administrativa de un centro de enseñanza, obsequió a los presentes con retazos de la historia que asoló a su pueblo. Después de refrescar la memoria de la intervención del escritor Manuel de Rivas en Logroño quince días atrás sobre el cambio que comportó en la sociedad el concepto de bruja en el siglo XV, retrocedió al año 1608, cuando, a partir de los bulos alimetados por una vecina procedente de la localidad francesa de Cibourne, comenzó a tomar cuerpo la persecución de las brujas de Zugarramurdi.
Tras propagarse la sospecha de la existencia de prácticas inadecuadas, 10 personas reconocieron en público un delito que no ha quedado especificado en los anales de la historia.
La historia local
Cuando parecía resuelto el caso por el perdón concedido por el pueblo y después de llegar la confesión pública a oídos del abad del monasterio de Urdax , un comisario de la Inquisición se personó con la orden de arresto de 4 de los perdonados públicamente. "Las otras 6 personas, en un gesto de valentía, fueron a pie hasta Logroño, y proclamaron ante la Inquisición su inocencia. Pero el 14 de febrero de 1609 fueron encarceladas en las mazmorras", como expuso Koro Irazoki.
En agosto de ese año, el inquisidor Juan del Valle Alvarado recaló en Zugarramurdi con un listado de 22 nombres, de los que 15 acabaron engrosando la lista de acusados . En períodos diferenciados, el Auto de Fe se completó con 31 vecinos de Zugarramurdi y Urdax. 11 de ellos fueron condenados a la hoguera. Como concluyó la ponente: "Si no existe el museo ni las reivindicaciones, aquellas personas seguirían siendo unas malvadas. Hemos conseguido, de alguna manera, blanquear su historia".
En "un acto de justicia histórica", el alcalde de Logroño nombró a los quemados a orillas del río Ebro. Los sones de la zarzuela de Ruperto Chapi Las Brujas, entonados por la banda municipal de su ciudad, se elevaron sobre la gran cueva de Zugarramurdi.
La música y el humo del cordero asado, conforme a la tradición del Zikiro, encendieron una llama de paz sobre las ascuas de un episodio de manipulación en sus orígenes, que sólo el tiempo ha enseñado en su verdadera dimensión.
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