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Hernandez Cava y Seguí ganan el Nacional de Cómic por "Las serpientes ciegas"

Ambos galardonados coinciden en sendas entrevistas que en el cómic hay un desequilibrio entre talento e industria

Actualizada Jueves, 5 de noviembre de 2009 - 15:54 h.
  • AGENCIAS. Madrid

El guionista Felipe Hernández Cava y el ilustrador Bartolomé Seguí han obtenido hoy el Premio Nacional de Cómic, dotado con 20.000 euros, por su obra "Las serpientes ciegas", una historia de venganzas con la Guerra Civil española y el Nueva York de la Gran Depresión como telón de fondo.

Para los ganadores, este premio, que cumple ya su tercera edición, ha servido para que la historieta goce de reconocimiento oficial "del que ha carecido durante muchos años", según Hernández Cava, y realza un género que desde los años ochenta sufre "una especie de enfermedad crónica, pero no acaba de morir", ha asegurado Seguí.

Ambos galardonados coinciden en sendas entrevistas telefónicas con Efe en que en el cómic hay un desequilibrio entre talento e industria.

Seguí sostiene que la industria impone ciertas limitaciones a la parte creativa del cómic español, que "goza de muy buena salud", y cita entre sus referentes a Miguelanxo Prado, Miguel Gallardo o a los anteriores ganadores de este Premio Nacional que concede el Ministerio de Cultura, Paco Roca y Max.

Hernández Cava (Madrid, 1953) ha lamentado que el elenco de autores "de una valía sorprendente, que no tiene parangón en ningún otro país", que tiene España se vea obligado "a exiliarse laboralmente por carecer de una industria".

"Las serpientes ciegas", que recibió el premio a la Mejor Obra al Mejor Guión en la pasada edición del Salón Internacional de Cómic de Barcelona, es un viaje en color al final de los años treinta, que mantiene dos tramas paralelas.

Mientras se construye un discurso que cuestiona la autoridad de las grandes ideologías, transcurre una trama policíaca, de intriga, protagonizada por un misterioso personaje que busca a Ben Koch, antiguo combatiente de las Brigadas Internacionales, para ajustar cuentas del pasado.

Hernández Cava, historietista y licenciado en historia del arte, ha querido "dejarle al lector la idea de que los totalitarismos, sean del signo que sean, son unas máquinas terribles que con el nombre de utopías lo único que hacen es triturar a miles de inocentes".

"Son un monstruo que anida en el interior de cada ser humano, que sólo puede combatirse mediante la instrucción y el autocontrol", asegura el guionista, que confiesa "detectar una amenaza" en cada "brote nacionalista" y en "el descrédito en el que está cayendo la clase política en los países democráticos, que abre una puerta a movimientos de cariz populista que conducen a las masas a cometer excesos".

Entre 1936 y 1939, entre el Nueva York de la crisis económica y la Batalla del Ebro, el lector descubrirá lo que esconden estos personajes rodeados de ilusiones e ideales, pero también de rencores y venganzas, en una historia que, en palabras de Seguí (Palma de Mallorca, 1962), es "densa", pues fue creada "para un público adulto".

"Las serpientes ciegas", publicada por BDbanda en España, también tiene su expresión francesa con una edición de Dargaud, una de la editoriales de cómic más importantes de Europa. Una demostración de que "el mercado francés no es un coto tan privado", en opinión de Seguí, aunque sí "más exigente, porque el público está más acostumbrado a leer historietas, sin ningún tipo de complejo".

Los autores de "Las serpientes ciegas" defienden la historieta como un medio de reflexión que está a la altura de cualquier otro.

"Este medio es adulto desde que nació, y nadie dice que el cine sea para adultos porque su peso gravite sobre la imagen", sostiene Hernández Cava, cofundador, en 1972, del colectivo El Cubri, destinado a producir el cómic político perseguido por la censura.

Hernández Cava ha lamentado que los dibujantes "sigan ejerciendo cierta autocensura", y que "midan sus pasos" con temas relacionados con el terrorismo de ETA o el fundamentalismo islámico. En su opinión, esa es, junto a "la llamada corrección política", una de las dos "espadas de Damocles" que aún hoy pesan sobre los dibujantes.

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