El eratsundarra neutralizó por velocidad el juego de Olaizola II en su mejor partido
Hay partidos que marcan la vida deportiva de un pelotari, para bien y para mal. Julen Retegui recordará siempre aquel sábado 31 de octubre cuando, en contra de todos los pronósticos, tumbó al entonces campeón del Cuatro y Medio, Aimar Olaizola en un partido perfecto, y se metió por primera vez en la liguilla de semifinales. Retegui Bi recordará siempre el abrazo que le dio a su padre nada más terminar en la contracancha del Labrit, y la sorpresa que causó su victoria.
Julen Retegui salió al Labrit con las ideas claras en todos los sentidos. Para derrotar a Aimar había que hacerlo todo bien, dejarse el alma en la cancha y esperar. Tácticamente Julen partió con el saque inicial, y desde el primer pelotazo jugó en largo, a alejar lo máximo posible a Olaizola del frontis, e impedir que le enredase en su peloteo desde los cuadros alegres. Para conseguirlo el eratsundarra sacó la pelota más pequeña y viva del lote, un material con el que Aimar no sólo no podía marcar el tempo en el peloteo, sino que además se veía atropellado por velocidad, malvivía.
Tuvo Julen un comienzo fulgurante, en 12 minutos, apenas tres reales, le hizo un 9-0 a Olaizola inapelable, con cuatro saques. Aimar rompió la racha con un derechazo, se fue al cestaño, cambió rápidamente de pelota e intentó arreglar el desaguisado. Pero, a pesar de que consiguió acercarse a un 8-10, Olaizola no transmitía la seguridad ni la frescura de otras ocasiones. La pelota no le salía, seguía atropellado y mientras Retegui no se salía ni un milímetro del guión: trabajo, trabajo y trabajo. También una pizca de suerte y detalles de alta escuela como dos dejadas al ancho perfectas (8-11 y el 10-17). El dinero lo vio y con el 9-16 ya se cantaron posturas a la par, no había vuelta.
Y por si faltaba algo allí estaba Julián padre para parar, solicitar un descanso, aconsejar y dirigir una victoria grande, redonda, de la que disfrutó como el que más.
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Julen Retegui golpea a una pelota en presencia de Aimar Olaizola en el Labrit. EDUARDO BUXENS
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