Entre tanta responsabilidad, gestión y talento, capital humano y liderazgo, palabras que acompañan, incluso suavizan, los discursos de crisis, Santiago Álvarez de Mon consiguió que más de un asistente ayer se revolviera en su asiento. Este abogado y profesor de IESE fue rotundo: "Es que la gente sufre a nuestro alrededor y parece que nos hemos vacunado contra ese dolor". En su discurso hubo recriminaciones para todos, incluido un mea culpa: para la clase política, el poder judicial, los profesores, las universidades..., por estar olvidándose de la realidad, por encerrarse en sus mundos, por no mirar adecuadamente. "Tenemos que hacer las paces con los hechos", resumió. "Si el liderazgo es transformar la realidad, el buen líder tiene que estar en contacto con ella. Debemos renovar nuestra mirada y ejercer la duda como síntoma inequívoco de la inteligencia", dijo.
Reconoció, con casi modestia, que no se atrevía a definir la Responsabilidad Social. Álvarez de Mon cerró su discurso con un deseo, o un hecho en el que creer, el de quelos jóvenes con talento de los que habló, "la generación mejor formada de la Historia" impulsen empresas "donde la solidaridad tenga cabida y ésta no sea una mera pantomima".
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