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TERRORISMO

Un año después, ahí crece el césped

Hoy se cumple un año de la bomba de ETA contra la Universidad de Navarra. El atentado dejó 31 heridos leves y 301 por la intoxicación posterior de gases. Violentó además la vida de un centro con 9.000 alumnos. Hoy todo es normalidad.

Actualizada Viernes, 30 de octubre de 2009 - 04:00 h.
  • G.G.O. / L.P.M. . PAMPLONA

EL fotograma de la cámara de seguridad recoge el momento en que un grupo de personas atraviesa, bajo la lluvia, el aparcamiento del Edificio Central. El siguiente graba sólo a una persona. También camina apresurada entre los vehículos porque la lluvia no ha parado y busca cobijo. El tercer fotograma está movido. Ha captado un reflejo de luz. Es el que desprende el coche bomba que acaba de explotar. No hay personas. Únicamente los coches aparcados. Algunos han empezado a arder.

Son las 10.55 horas. Sigue lloviendo. La cámara de seguridad no deja de grabar.

Y continúa haciéndolo hoy, exactamente un año después del atentado de ETA contra la Universidad de Navarra. Pero hoy esa cámara graba que en el lugar donde explotó el coche verdea un césped, que las medidas de seguridad se han reforzado, que se necesita una tarjeta para estacionar ahí dentro. Y que las personas siguen cruzando ese aparcamiento hora tras otra, a diario. La vida en el centro universitario continúa con normalidad, dedicada por entero a lo que ha hecho en sus 57 de historia: la enseñanza, la formación, la investigación...

Lo ocurrido aquella mañana sigue nítido en el campus. Pero la impresión general es que no hay muchas ganas de recordar. Joyce Baptista Serna, estudiante de 22 años de Filosofía y Periodismo, se presta a echar la vista atrás. Vivió la explosión en primera línea. Y recuerda el momento con precisión milimétrica: "Lo he contado tantas veces... Es algo que no se me va a olvidar en la vida", dice. Se encontraba en el Aula 18, pared con pared con el coche bomba, en clase de Corrientes Actuales de Filosofía. Estaba "medio dormida" cuando todo ocurrió: "Recuerdo el ruido de algo que se arranca, un sonido muy fuerte y, de repente, muchísimo calor". Todo retumbó, cayeron trozos del techo, cristales, la luz se fue, por la ventana entraban las llamas... Con pequeños cortes en la cara, fue una de los 31 heridos leves.

Por la puerta del aula 18, que se había abierto por la deflagración, se veía a gente caminar hacia la puerta principal. Nadie había salido todavía al exterior. Pero por el estruendo y porque no era el primer ataque contra la Universidad, todos lo tenían claro. Habían puesto una bomba.

Los etarras no estaban allí cuando el coche explotó. Un par de horas antes habían dejado aparcado el Peugeot 306 blanco que robaron la noche anterior a un vecino de Zumaia (Guipúzcoa). En ese tiempo montaron dos ollas con más de 60 kilos de amosal y el temporizador, y colocaron el artefacto en el maletero del turismo. Viajaron hasta Pamplona en dos coches, uno detrás de otro, para que el primero avisara al de la bomba de posibles contratiempos, como la presencia policial durante el trayecto. Cuando el etarra que conducía el coche bomba lo estacionó en el aparcamiento, quitó el sistema de seguridad del artefacto con el que había hecho el recorrido. Y el temporizador inició la cuenta atrás.

No había personas que atravesaran el aparcamiento cuando la cámara de seguridad recogió aquel reflejo de luz. ¿Casualidad o milagro? Los terroristas habían dado un aviso una hora antes. Utilizaron el teléfono móvil llegado a sus manos después de que en mayo un considerado delincuente habitual, dedicado al trapicheo de lo que fuera, lo comprara con su DNI en una tienda de Bilbao. Con aquel terminal los etarras dijeron a la DYA de Álava que explotaría una bomba en el campus universitario. Pero no precisaron cuál. ¿Error o intencionalidad?

"Sin miedo y sin rencor"

En este año los medios de comunicación han recogido nombres de posibles comandos,de taldes, de presuntos autores del atentado: Beñat Aginagalde Ugartemendia (huido), Ugaitz Errazkin (huido), Manex Castro (detenido). Pero desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado no han señalado como segura la participación de alguno de ellos.

En el campus nadie piensa en los etarras. Es más, tienen muy presente el mensaje que el rector de la institución, Ángel José Gómez Montoro, dio tras el atentado: "Sin miedo y sin rencor". Así lo refleja la vicerrectora de Alumno, María Iraburu Elizondo. Sus sensaciones un año después al pensar en aquel momento se resumen en tres palabras: miedo, alivio y unidad. "Miedo porque al principio no sabías si había alguien dentro de los coches. Alivio cuando supimos que no había víctimas. Y recuerdo que hubo una unidad muy fuerte entre todos nosotros. Recibimos también muchísimas muestras de apoyo. A eso hay que añadir la irracionalidad del terrorismo".

Para Jesús Martínez Pérez, de 39 años, de Dirección de Personas, aquello "fue un punto y aparte al que la Universidad puso al día siguiente un punto y seguido". La normalidad tardó tiempo en llegar (había obras que acometer, cien coches resultaron afectados...), "pero todos los servicios siguieron funcionando".

En Nuestro Tiempo, la revista de la Universidad, se recogió todo lo sucedido. "Vimos que la gente estaba muy impactada y a la vez con ganas de contar lo que había vivido", recuerda su director, Javier Marrodán. Se escogieron 20 escenas, y 20 alumnos de Periodismo contaron sus vivencias en 18 páginas. "La idea era que cuando recuerden "yo soy víctima de aquel atentado" a la vez piensen "yo escribí sobre aquello un buen reportaje". Muchos también recordarán que fueron los primeros cronistas que el día del atentado informaron en decenas de medios, nacionales e internacionales.

Un año después, Marrodán cree que el atentado fue "una herida que se cerró muy rápido": "La bomba no cuestiona nada de lo que hacemos. De alguna manera incluso lo revalida. Seguimos donde estábamos".

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Las llamas que causó la explosión afectaron al interior del Edificio Central, como se observa por la ventana. DN


Comentarios
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  • Lo que allí ocurrió fue un milagro. Conozco la cantidad de gente que pasa todos los días por el lugar en que pusieron la bomba... que no hubiese ninguna víctima fue gracia de Dios. Toda la gloria sea para Él.Roqui
  • Más les valdría a los ETArugos visitar alguna universidad para formarse, no para dejar un recuerdo de su criminal estupidez. Pero como los salvapatrias de las ollas no dan para más, atacando a la Universidad sólo consiguieron quedar en evidencia todavía más, qué bueno que por fortuna sea éste el único recuerdo que quede de ese día.Mieira
  • Siempre con ustedes, con la Universidad. Por el inmenso bien que le hacen a Navarra, a España y a la sociedad entera. Un abrazo fuerteEHA
  • Enhorabuena a la Universidad de Navarra, por el gran trabajo que esta haciendo, parte en beneficio de la sociedad Navarra. No os dejeís amedrentar por estos desequilibrados. Que llueva que llueva
  • Conozco a más de uno que cumple hoy el primer aniversario de su nueva vida, porque se libraron porque El de Arriba quiso...Iniakin

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