"En el segundo tiempo vi siempre la posibilidad de ganar y sufrí menos que otras veces", dijo el técnico del Milan, Leonardo
Desprestigio a la historia, a la tradición, a los títulos, a los presupuestos y al fútbol. El Real Madrid de los 252 millones invertidos en fichajes completó un partido paupérrimo y sucumbió en el Bernabéu ante un Milan que juega al paso pero que está curtido en mil batallas y no se arruga ni sufre miedo escénico. Igual que ocurrió hace un año con la "Juve" en este mismo escenario. Pero entonces los blancos no tenían una plantilla como ésta.
Y no vale la excusa de que faltaba Cristiano Ronaldo.
Por sus desajustes defensivos, porque se contagió del lento ritmo de los lombardos y porque se echó peligrosamente atrás en la segunda mitad, el Madrid se empeñó en resucitar a un "cementerio de elefantes". Cayó ante el Sevilla y fracasó ante el Milan en el segundo examen serio de la temporada. Malos síntomas para Pellegrini, aunque todavía es pronto y debiera haber paciencia. Tan mal jugaron los blancos que hasta Casillas estuvo desastroso en dos goles.
Ante un vulgar Milan
La derrota es especialmente dura porque este Milan está a años luz de aquel equipo que brilló con Sacchi y Capello. Por la dichosa crisis, a pesar de los 65 millones recibidos por Kaká, por una pésima planificación o por lo que fuere, es una escuadra vulgar. Un histórico con siete "orejudas" que acusa la salida de tres líderes como Ancelotti, su ex técnico, el astro brasileño y el capitán Maldini. Hasta ocho de los titulares elegidos por Leonardo superaban la treintena.
Seedorf, ya con 33 "castañas" a sus espaldas, fue el mejor en una equipo que juega al pie, sin desmarques, sin presionar al rival, con una parsimonia desesperante. Mención especial, en lo negativo, para Ronaldinho. Es de los jóvenes, con 29 años, pero sobre el campo parece un abuelo. Tanto que ni Ramos le encimaba cuando recibía de espaldas. Apenas encara, no busca el uno contra uno. Anduvo perdido por la banda izquierda. Mantiene el toque.
Pellegrini soñaba con una goleada para colmar de satisfacción a la exigente hinchada. Pero tanto él, como sobre todo sus jugadores, respetaron muy mucho los galones "rossoneri".
Lentitud desesperante
El Madrid se tomó el partido con suma calma, sin querer abrirse en busca de Dida. Su ritmo también fue impropio de la alta competición. Al chileno no le gustan los equipos desatados.
Prefiere ocupar bien los espacios, tocar y no desgastarse más de la cuenta. Lo demostró en el Villarreal y le fue bien. En Chamartín las exigencias son muy diferentes.
Apenas había ocurrido nada hasta que Granero disparó mal y Dida cometió un error de bulto. Blocó mal, el balón le golpeó la rodilla y Raúl dio otro ejemplo de pillería. Le robó la cartera y remató a puerta vacía con la derecha. Su gran mérito, ser el único que se percató del regalo cuando sus compañeros ya regresaban para ocupar su posición. El gol, y una internada de Benzema que acabó en un penalti monumental de Zambrotta no señalado, fueron lo único de un primer tiempo horrible. Como ganaba y no sufría, el Madrid se marchó en el descanso.
Regaló el balón al Milan, que mejoró tácticamente con Ambrosini junto a Pirlo, tres por delante y Pato arriba. Sin prisas, casi al trote, pero con buena disposición, gran técnica y algo de suerte, los lombardos voltearon el marcador. Iker falló como nunca. Se comió primero un gran pero lejanísimo disparo de Pirlo y después midió mal en una salida y regaló el gol a Pato.
Molesto con su equipo, el Bernabéu sólo aplaudía ya los goles del Chelsea al Atlético. Esperaba la heroica, el embrujo de este estadio, los valores de siempre. A falta de que aparecieran las estrellas, en especial Kaká y Benzema, salió Drenthe y cambió algo elpanorama. Le puso agallas y empató al disparar en un saque de esquina que sacó atrás Raúl. Pero el Milan, con orgullo de campeones y fue a por el triunfo. Le anularon un gol legal y Pato birló de nuevo a la defensa. Malas noticias en Concha Espina.
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