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CÁBREGA (MUES)

Arquitectura del siglo XIII al abrigo de 225 ha de cereal

MARTÍN LATIENDA SUBERVIOLA LLEVA CASI MEDIO SIGLO OCUPÁNDOSE DE LAS TIERRAS DE ESTA FINCA DE CASI 500 HECTÁREAS

Actualizada Domingo, 18 de octubre de 2009 - 03:59 h.
  • M. M. E. . CÁBREGA (MUES)

Él cree que cuando se jubile nadie cubrirá su puesto. Según calcula Martín Latienda Suberviola eso se decidirá dentro de unos tres años. Entonces habrá pasado casi medio siglo desde que llegó al señorío de rebote para cubrir un puesto vacante. Tenía 17 años y también trabajaban allí sus hermanos Antonio y Vicente. "Era un duro trabajo manual, pero a mí me gustaba el campo. No había que fichar y mi padre siempre me lo aconsejaba", comentó este vecino de Los Arcos.

Con la mecanización, ellos salieron después de la finca, como lo hicieron la mayoría, y Martín se quedó al cuidado de todo este latifundio. No obstante, siempre ha contado con el apoyo en estas labores de las familias de guardeses que han pasado por la propiedad. Ahora, de ello se encargan Juan Montoi y su esposa, ambos de origen rumano. "A mí me daría muchísima pena que se abandonara, pero todo ha cambiado. Antes había bastante más faena. Todos los días subía aquí en torno a una decena de personas de los pueblos cercanos para ocuparse de la tierra y del ganado", recordó.

Ahora, ya sin animales, siguen cultivando las 225 hectáreas entre trigo y cebada que cosechaban al año. "Nos pegábamos un mes. Ahora llegan dos máquinas y cogemos más de un millón de kilos en una semana. Tampoco usamos nuestro silo, sino que lo llevamos a la cooperativa de Los Arcos", dijo. Esta extensión es sólo la mitad de la superficie que abarca el señorío, que incluye también en sus dominios un porcentaje importante de monte. "Entonces cazábamos allí conejos para que comieran los jornaleros y también palomas, pero para vender. Ahora sólo hay jabalí y de vez en cuando cogemos alguno por afición".

La actual familia propietaria, la quinta generación desde que compraron la finca en torno a 1.800 a los duques de Villahermosa, invirtió hace casi un lustro en la rehabilitación del palació de cabo de armería, en los inmuebles para el ganado y almacenes que se conservan por ello hoy en perfecto estado, además de la ermita del siglo XIII. "En tiempos de cosecha acudíamos todos los domingos a las seis de la mañana a escuchar misa. Tengo muchos recuerdos. Es un lugar fantástico. Cualquiera quisiera tener algo así, aunque sea para venderlo, porque su mantenimiento es muy costoso. Yo me quedo con lo que aquí he vivido, donde he estado muy a gusto", aseguró.

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