Un grupo de reclusos del centro penitenciario Brians 2, en Barcelona, ha tomado parte en un taller teatral centrado en la figura de Jorge Oteiza. El resultado es una proyecto audiovisual que el jueves fue presentado en el museo de Alzuza.
Q UÉ puede aportar la obra de un escultor tan complejo como Jorge Oteiza a un grupo de reclusos? ¿Qué puede decirle a alguien que nunca ha oído hablar de un tal Picasso? ¿Puede establecerse un vínculo entre ambas realidades? La experiencia ha demostrado que sí.
Un grupo de 14 reclusos del Centro Penitenciario Brians 2, en Barcelona, participó entre marzo y junio en un programa de teatro coordinado desde el Área de Cultura y Deporte de la Generalitat. Itziar Añíbarro, la directora monitora de teatro responsable del taller, no tuvo ninguna duda a la hora de elegir la figura sobre la que se iba a trabajar. Darwin o Francis Bacon estaban entre los propuestos, pero ella se decantó por Jorge Oteiza. "Su sinceridad, su pasión, su honestidad. Son cualidades que los internos aprecian mucho", reflexiona.
El resultado del programa es Oteiza, un proyecto audiovisual que integra poesía, danza y música y que fue mostrado el jueves en el museo de Alzuza. Está realizado por la Productora Iliure des de dins y se enmarca en la I Bienal de Arte de los Talleres Plásticos celebrada en Figueres este verano.
Gregorio Díaz Ereño, director del Museo Oteiza, mostró su voluntad de exhibirlo al público navarro . Tal y como especificó Cristina Escat, técnica de la Sección de Educación, Cultura y Deportes del Departamento de Justicia de la Generalitat, todos los presos que han tomado parte han dado su consentimiento expreso para que sus nombres y su imagen sean difundidas. "Están orgullosísimos de lo que han logrado", apuntó Añíbarro.
Encuentro sorprendente
¿Y qué han logrado? Tal vez la respuesta a esta pregunta se entienda mejor después de haber visto el making ofdel vídeo, que también ha sido rodado, y que recoge todo el proceso de acercamiento al genio de Orio. "Ha sido increíble". Añíbarro se muestra rotunda. "Algunos poemas de Oteiza me resultan francamente difíciles. Me sorprendió enormemente que alguien, pastor en origen, los devorara", continuaba. "Algunos pedían llevarse el material al chabolo (la celda), y se comprometían a devolverlo al día siguiente, y esto es un paso muy importante", destaca.
El grupo estaba compuesto por personas de muy distintas procedencias. Los había españoles, pero también latinoamericanos y del norte de África. La mayoría contaba con unas nociones culturales y artísticas nulas. De Oteiza, por supuesto, ni oír hablar.
Cuando la monitora les puso encima de la mesa varias muestras de distintas piezas de Oteiza, la reacción fue fulminante. Querían trabajar los 14 Apóstoles de Aránzazu. Eran 14, igual que ellos. Y se encontraban rodeados de un muro infranqueable, como ellos. Intentaron darle una interpretación a cada una de las esculturas, y cada cual asumió un rol diferente.
Trabajaron la psicomotricidad, las dinámicas de grupo, y tuvieron que confiar en el de enfrente. Aprendieron el funcionamiento de una claqueta; uno descubrió su pasión por dibujar y, otro, que le gustaba estar detrás de la cámara captando distintas tomas. Durante unas horas al día podían "quitarse la máscara" que suelen llevar puesta en un entorno hostil como una prisión.
"Son cosas sencillas pero grandes triunfos para ellos", apunta Añíbarro. O no tan sencillas. Las reflexiones acerca del espacio les hicieron conversar acerca de los muros, los interiores y los exteriores. El tema del espacio suscitó interesantes apuntes. "Yo no sabía que yo también era materia y que conmigo se podían crear espacios", cuenta a la cámara uno de los miembros del taller. Hay detalles concretos que "les llegaron al alma". Por ejemplo, el hecho de que Oteiza niño fuera a la playa y se escondiera en los agujeros que hacía en la arena. "Se sienten identificados con esa soledad, ese aislamiento", apunta.
La primera salida
La experiencia ha resultado tan positiva que desde el Museo Oteiza, cuyo servicio de Didáctica ha asesorado el proyecto, ya se han establecido los primeros contactos para ver si es posible trasladarla a otros centro penitenciarios.
Los reclusos también se han quedado impactados. Tanto, que algunos de ellos han prometido que el primer viaje que hagan cuando abandonen la prisión será a Aránzazu, a ver los verdaderos 14 Apóstoles, y al propio Museo Oteiza.
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Los reclusos del centro penitenciario catalán Brians 2 en un momento del rodaje del audiovisual Oteiza, englobado en un taller teatral sobre el artista vasco. CEDIDA
Cristina Escat, técnica del Departamento de Justicia de la Generalitat Catalana, e Itziar Añíbarro, monitora de teatro responsable del taller, en el exterior del Museo Oteiza. EDUARDO BUXENS
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