H A muerto el gran geógrafo de Navarra y muchos van a incidir en su labor como maestro y como formador de varias generaciones de geógrafos. Yo voy a hablar de la trastienda de otra de sus dedicaciones profesionales menos conocida: su trabajo como asesor científico de una gran editorial, como era la centenaria Salvat, y su dedicación a varias de sus numerosas publicaciones.
Mientras estudiaba Periodismo empecé a colaborar con Salvat, que por entonces -mediados de los sesenta- estaba lanzando con enorme éxito la enciclopedia Monitor. Y allí, como puntal principal de los colaboradores universitarios, estaba el joven catedrático Alfredo Floristán organizando, junto con el editor menorquín Rosendo Verdaguer, todo el trabajo previo a la edición y dirigiendo los diferentes equipos disciplinares.
Terminado el periplo de la enciclopedia, don Alfredo se quedó como asesor científico de la editorial Salvat, trabajando codo con codo con una joven redacción en la que estábamos periodistas y licenciados en Filosofía y Letras.
De 1973 a 1976 dirigió la colección de geografía comarcal Conocer España, en la que había que coordinar a investigadores de muchas universidades españolas que parcelaban todas las realidades regionales en comarcas. A esa obra le siguió la dirección científica de Conocer el Mundo, con estudios de todos los países. Posteriormente, Floristán colaboró en otros diccionarios enciclopédicos de la editorial y, a finales de los setenta, publicó una separata de Conocer España -Conocer Navarra- para la Caja de Ahorros de Navarra y enseguida la popular Itinerarios por Navarra en dos volúmenes, por encargo de la misma Caja a Salvat, con tiradas de cerca de 100.000 ejemplares cada uno. Por las mismas fechas -1978- publica en la Colección Diario de Navarra su fundamental Urbasa y Andía, solar de los navarros.
Después estuvo al frente del volumen geográfico del Gran Atlas de Navarra (Caja de Ahorros de Navarra, 1986) y, posteriormente, hizo una nueva incursión en la Geografía española con España, país de contrastes geográficos naturales (Ed. Síntesis, 1988). Más adelante colaboró en la parte geográfica del estudio sobre El agua en Navarra (Caja de Ahorros de Navarra, 1991) y luego vendrían sus populares Recorridos por Navarra en dos carpetas, editados conjuntamente por Diario de Navarra y la Caja de Ahorros de Navarra en 1992. Y también, con los mismos editores, la monumental Geografía de Navarra en seis volúmenes, su obra cumbre -su testamento magistral-, editada entre 1995 y 2000. A su querida tierra bardenera le dedicó Bardenas Reales de Navarra (CAN, 1997) con la colaboración fotográfica de Jaime Martín.
Fueron muchos los años que compartí como editor y fotógrafo el trabajo de Alfredo Floristán. Pero más que el trabajo valoraba su amistad. Una amistad franca, cordial, tremendamente humana.
Alfredo Floristán ha muerto lejos de su querida tierra navarra, a la que dedicó todo su esfuerzo profesional y toda su gran humanidad. Nos han quedado sus trabajos, la pléyade de discípulos que le quieren y admiran, y, sobre todo, el recuerdo emocionado de un hombre de bien. Descanse en paz.
José María Domench es periodista y editor
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