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POLITICA

Ultimátum tras dos días de negociación

La ley del Vascuence era cuestión tangencial. Sanz buscaba más que su socio en el Gobierno volviera a mandamiento

Actualizada Viernes, 25 de septiembre de 2009 - 04:00 h.
  • NATALIA AYARRA . PAMPLONA

EL estallido ayer de la crisis de Gobierno no es más que la punta del iceberg de las congeladas relaciones entre UPN y CDN. Y es que el vínculo de "lealtad" que ha unido a estos dos partidos desde 1999 pasa por sus horas más bajas. Entre otras razones, porque los dos parlamentarios que obtuvo CDN en esta legislatura no son suficientes para sumar mayoría absoluta junto con los 22 escaños de UPN.

A pesar de ello, Sanz ofreció a CDN dos consejerías de su Gobierno en 2007. Y, sin embargo, ayer las puso en el alero y amenazó con destituir a sus dos titulares si José Andrés Burguete no reconduce la estrategia de marcar distancias con UPN.

Ayer tuvo lugar la representación pública para restaurar el orden perdido en el Gobierno. Pero los movimientos de estrategia y los avisos comenzaron unos días antes. Concretamente, el pasado martes, día en el que se celebró el encuentro entre CDN y PSN que Burguete había solicitado por carta a los socialistas para analizar diferentes asuntos. A la reunión acudió también el consejero de Educación, el convergente Pérez Nievas.

Tras la entrevista, Burguete soltó la primera andanada: a instancias de CDN, habían llegado a un acuerdo con el PSN para votar a favor de la proposición de ley de IU que modifica la ley del Vascuence. Además, los convergentes expresaron su preferencia para que el debate sobre el texto contra el terrorismo que negocian el Gobierno y PSN se "residenciara" en el Parlamento. Y, de colofón, Burguete no trasladó a los socialistas la negativa oficial del Gobierno a destinar un posible incremento de los ingresos en 2010 a aumentar la capacidad de gasto público.

De tres, tres. En el Gobierno se desayunaron el pasado martes con una delicatessen de difícil digestión: Los tres asuntos habían sido debatidos en el seno del Gobierno, y en los tres casos había quedado clara cuál era la versión oficial. El presidente de CDN se saltó los tres a la torera. Y el presidente del Gobierno descolgó el teléfono y tomó cartas en el asunto. Su mano derecha en el Gobierno, el consejero Javier Caballero, fue el encargado de lidiar con Burguete.

Fue una tarde de largas conversaciones telefónicas entre ellos. Caballero mantenía que el Gobierno no puede aceptar que uno de sus socios pacte con la oposición un voto distinto al oficial; Burguete entraba más al fondo del asunto y justificaba su postura en el hecho de que la modificación de la ley del Vascuence pactada con el PSN no suponía ningún cambio de facto, puesto que los cuatro municipios que iban a ser incluidos en la zona mixta ya funcionaban como si de hecho estuvieran en dicha zona.

Pero sus argumentos no convencieron a Caballero. En realidad, y a pesar de que UPN ha hecho bandera con la modificación de la ley del euskera, este tema no dejaba de ser tangencial en la polémica: lo que Miguel Sanz estaba reclamando a Burguete a través de Caballero era que volviese a mandamiento, que cesara en su estrategia de marcar distancias con UPN.

Lejos de hacer caso, Burguete convocó al día siguiente, miércoles, una rueda de prensa en la que volvió a soltar parte del arsenal que había preparado para la batalla. En esta ocasión, con motivo de la reforma del Amejoramiento del Fuero que el Gobierno foral ha emprendido con el central.

Burguete tachó de "insuficiente" la reforma propuesta por Sanz y anunció que el representante de CDN en la comisión negociadora con el Estado, el consejero Pérez Nievas (nombrado para este puesto por iniciativa del propio Sanz), llevaría al encuentro con la Administración central su propia lista de reivindicaciones. Entre otras, la de que sea el Parlamento quien tenga potestad para iniciar futuras reformas de la Lorafna (en la actualidad, dicha potestad corresponde únicamente al presidente del Gobierno).

Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Sanz. De nuevo fue Caballero el encargado de transmitir el ultimátum del presidente del Gobierno al presidente convergente. Caballero llamó el miércoles por la tarde a Burguete. La llamada sorprendió al presidente de CDN terminando de hacer la compra semanal junto a su familia, dispuesto a volver a casa para ver el partido de Osasuna.

Y si a Sanz se le había atragantado la víspera el almuerzo con las declaraciones de Burguete sobre el euskera, al convergente se le atragantó el partido con el mensaje de Caballero: "O votáis en contra de modificar la ley del Vascuence, o hasta aquí hemos llegado". La respuesta de Burguete tuvo su punto irónico: "Tomamos nota. Fue bonito mientras duró".

La noche del miércoles al jueves fue muy larga para Burguete. Mantuvo conversaciones con dirigentes de su partido y con sus dos consejeros del Gobierno. Y el presidente de CDN se descubrió como el más firme defensor de seguir tirando de la cuerda. Sus colaboradores le sugirieron que aflojase. Decidió hacerles caso.

Así que, ayer por la mañana, llamó al presidente Sanz y le citó a las ocho y media en el Parlamento. Fue la primera vez que ambos hablaron directamente. Burguete ofreció a Sanz abstenerse ante la modificación de la ley del Vascuence, pero al presidente del Gobierno no le pareció suficiente. Burguete insistió en que ayer únicamente se votaba la admisión a trámite de una propuesta, y que había tiempo para reconducir la situación durante el debate en comisión y antes de la votación final en pleno. Sanz se mostró inflexible. Ya había echado el órdago y no había vuelta atrás.

Así que bajó al atrio del Parlamento y soltó su bomba ante los periodistas: "Si CDN vota de forma diferente a UPN sobre la ley del euskera, estará incumpliendo el pacto de Gobierno. Y eso tendrá sus consecuencias". Sanz midió sus palabras ante la prensa, pero en privado acababa de advertir a Burguete de que los decretos de cese de los consejeros de CDN estaban preparados a falta de la firma.

Sanz entró en el hemiciclo (el pleno había comenzado diez minutos antes) y se encontró con la plana mayor de CDN (Burguete, Alli, Pérez Nievas y Esparza) reunida en una esquina del salón. Estuvo hablando con todos ellos durante unos minutos. Después, ocupó su escaño e intercambió impresiones con Caballero. Mientras tanto, Burguete había vuelto a su asiento y escribía a mano, en un par de folios, su intervención sobre el euskera. Su rostro era serio y consultó un par de veces con Juan Cruz Alli antes de seguir escribiendo.

La presidenta Elena Torres preguntó qué portavoces deseaban intervenir en el turno a favor de modificar la ley. Burguete ni siquiera alzó la mano y se limitó a asentir con la cabeza. Cuando le llegó el turno, subió a la tribuna con el rostro demudado. Desgranó su argumentario repitiendo las ideas con las que no había podido convencer a UPN de lo justificado de su voto afirmativo.

Y, para sorpresa de la mayoría de los parlamentarios, anunció la "abstención positiva" de su grupo en aras a la "estabilidad institucional" de Navarra. Desde los escaños socialistas se escucharon murmullos de desaprobación. Los nacionalistas no ocultaron su asombro, y el portavoz de IU hacía gestos de extrañeza. Burguete regresó a su escaño cabizbajo.

Y, a pesar del mal trago que acababa de pasar, lo peor para él estaba todavía por llegar. Después de la votación, el presidente Sanz abandonó el Parlamento para asistir en Leitza al homenaje al guardia civil asesinado por ETA Juan Carlos Beiro. "¿Zanjado? Esto no está zanjado, en absoluto", sentenció antes de irse.

Burguete atendió a continuación a los periodistas. El tono de sus declaraciones fue tan suave que rozaba la capitulación, y el contenido más destacable de ellas fue la petición a Miguel Sanz para que tuviera en cuenta el esfuerzo hecho por CDN al cambiar el sentido de su voto hacia la abstención.

El presidente de CDN contactó después con Sanz por teléfono. Le pidió tiempo. Cuatro días. Una pequeña demora antes de que el presidente del Gobierno ejecutase su ultimátum. Burguete necesitaba analizar con los suyos la situación y buscar soluciones. Sanz aceptó la tregua temporal, pero se mantuvo en sus trece: "Si persistís, estáis fuera".

José Andrés Burguete dedicó buena parte del resto de la mañana a hablar con Caballero, sentado en el escaño de Pérez Nievas. Ambos sostenían unos papeles en la mano y discutían señalándolos. Probablemente se tratase del pacto de Gobierno firmado por ambas formaciones. El mismo pacto que habían estado a punto de romper.

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EN LOS PASILLOS. Las decisiones políticas que se adoptaron ayer en el Parlamento foral no tuvieron como escenario el hemiciclo, sino los pasillos y el atrio de la Cámara. En la imagen, en la esquina del fondo, los convergentes Ángel Fortún y Pérez Nievas conversan mientras, al otro lado del biombo, el socialista Javier Monzón charla con el regionalista Carlos García Adanero y el presidente foral, Miguel Sanz. EDUARDO BUXENS


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