"Se veía un cierto deterioro, pero no esperábamos la medida de quitar al presidente"
Manuel Zelaya y Roberto Micheletti son dos nombres que tristemente ya no resultan desconocidos para la sociedad navarra. Protagonizan la pugna por el control de Honduras, pequeño país centroamericano en el punto de mira de la comunidad internacional y que presencia disturbios entre partidarios y detractores del golpe de estado. El navarro Javier Mencos Arraiza (Pamplona, 1975) reside allí desde hace cuatro años por su trabajo en una organización jesuita de Derechos Humanos.
Su labor de asesoría legal y en varios medios de comunicación persigue fortalecer la participación pública y luchar contra la corrupción. Ahora está en Pamplona, con la mente dividida entre los preparativos de su boda y lo que acontece al otro lado del charco.
La capital, Tegucigalpa, está al rojo vivo estos días con las manifestaciones y el vicepresidente zarandeado...
Con lo del vicepresidente se ha olvidado lo más importante, la marcha con tanta gente desde diferentes puntos del país y gente joven, lo nunca visto. Fue muy interesante y creativa y mantuvo actividades de reflexión por la noche. Los incidentes con el vicepresidente no sé si han sido provocados para desvirtuar la postura de los manifestantes o han sido realmente de gente exaltada.
¿Cómo se vivió el golpe entre los hondureños?
Con bastante tensión, y todavía sigue, por eso es preocupante. Hace falta una solución rápida porque en cualquier momento puede estallar la violencia, ya hay disturbios fuertes en la capital; cuanto más pase el tiempo la gente perderá la esperanza de que se solucione de forma pacífica.
¿Honduras se está convirtiendo en un país polarizado?
Desgraciadamente sí. Nosotros, como obra de los jesuitas, no estamos ni con unos ni con otros. Intentamos defender lo que entendemos que es mejor para la democracia y nadie puede decir que el otro está totalmente equivocado. Pero sí creemos que ha sido un golpe de estado y que la solución pasa por que vuelva el antiguo presidente, pero con condiciones. Y que permita que las elecciones que hay en noviembres puedan transcurrir con transparencia y libertad, para ser un paso adelante. Con la actual situación, unas elecciones no serían reconocidas por la comunidad internacional ni se vivirían con confianza por parte de la población. Lo importante es que se mire hacia delante y que no se juzgue ni a unos ni a otros.
Pero ese borrón y cuenta nueva es bastante complicado porque la gente no olvida tan fácilmente.
Es complicado, pero si no se hace un esfuerzo de reconciliación llegaremos a una situación en la que todos saldremos perdiendo. Cada día la población se empobrece, hay menos turismo, empeoran las relaciones personales... Dar el paso del perdón no es fácil, pero las consecuencias pueden ser peores.
¿Se vive en la capital un estado de sitio con medidas extremas?
Sí. El toque de queda intimida, quiere servir para evitar que haya actos vandálicos, manifestaciones... pero en países con mucha impunidad se utiliza también para meter miedo en la población que resiste. Se nota el cansancio y nerviosismo entre la gente, aunque al final te vas acostumbrando.
¿Tras lo ocurrido, la Constitución ha quedado seriamente dañada?
La Constitución hondureña es técnicamente mejorable, porque al leerla da lugar a interpretaciones diversas. Zelaya propuso modificarla pero de una forma muy tensa y siendo poco claro. En este momento la sociedad hondureña está en un periodo de transición democrática y tiene que buscar consensos. Probablemente se haga una reforma constitucional.
¿Y cómo ha presenciado lo ocurrido su organización?
Se veía un cierto deterioro, pero no esperábamos la medida de quitar al presidente. Como en parte nos dedicamos al tema comunicativo estamos intentando abrir los pequeños medios que tenemos, una emisora de radio y un periódico popular, para recoger la voz de la gente, tanto a favor como en contra... reflejar la pluralidad y diversidad de opiniones. Pero hay un cerco informativo fuerte, los grandes medios están en manos de los empresarios, partidarios del golpe, y lo que dicen no es lo que uno ve en el día a día. Nosotros intentamos participar en acciones de resistencia no violentas para que se ponga fin al régimen de facto.
¿Se sienten acosados?
A las pocas horas del golpe de estado vinieron los militares a la emisora a cerrar la radio y nos obligaron a salir, pero al día siguiente volvimos y no hemos tenido problema. Sí que hay pequeños actos de boicot, como que en un momento crítico justo se va la luz en nuestra zona, o detenciones temporales de algunos periodistas en las manifestaciones.
¿Pero ve luz al final del túnel, o no está muy esperanzado?
Sí, aunque yo pensaba que iba a ser mucho antes. El acuerdo promovido por Óscar Arias tiene la virtud de que la comunidad internacional está a favor y que una de las partes lo ha aceptado. Sólo falta la parte de Micheletti, y como su gobierno no puede seguir mucho tiempo sin ayuda internacional espero que tiendan al acuerdo. Aunque todo Honduras lo va a pagar, lo notarán más las personas con menos recursos. Lo bueno es que la gente toma cada vez más conciencia de la importancia de lo público, de organizarse y de gestionar los recursos que son de todos.
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Mencos, con algunas de las publicaciones que edita su grupo jesuita en Honduras. CALLEJA
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