Julen Madina y José María Altuna, corredores expertos, se salvaron por poco de recibir las astas de los de El Ventorrillo
Hay gente que sobra. Mejor, que no debería ni estar. Gente que se toma la vida a juerga, cuando esa vida se mueve entre 500 y 700 kilos de peso y tiene unos cuernos con los que puede matar. Gente que se cree que un toro es un perro. Gente inconsciente y gamberra. Pata.
Corría ayer el minuto y 42 segundos del tercer encierro de los Sanfermines de 2009, cuando un ejemplar de la especie referida en el primer párrafo, un joven extranjero, quiso pegar con su periódico a Alerto, toro negro bragado de 575 kilos de El Ventorrillo. El pataestaba esperando en el lado derecho de la calle Estafeta cuando, al paso del morlaco, se lanzó hacia él para ¿citarle?, empujando a varios mozos que corrían y que cayeron junto al animal. Otros dos de El Ventorrillo, Garbosoy Casaillo,llegaban por detrás y también se vieron envueltos en el lío. El segundo de ellos empujó por detrás con su morro al hernaniarra Julen Madina, que no había podido sortear los obstáculos y se cayó de bruces, mientras que Alerto, al reanudar la marcha, se encontró con el donostiarra José María Altuna, que intentaba ponerse en pie. Altuna vio llegar a la bestiay le agarró el asta izquierda con su mano izquierda para librarse de una cornada dramática. Lo consiguió. Menos mal. Dos sustos tremendos nacidos desde una gamberrada indecente.
Fue el momento de pánico por excelencia de un encierro, el protagonizado por los toros de El Ventorrillo, muy rápido y en el que los mozos gozaron de algo más de huecos que en los dos días anteriores, especialmente a partir del tramo final de la Estafeta, cuando con las caídas de Alerto, Garboso y Casaillo la manada se disgregó. Hasta ese momento, se mostró al mundo como una formación perfecta siempre a las órdenes de los cabestros. Y, de inicio a fin, hubo golpeados pero no corneados.
Otro instante de ayer para guardar, pero no por el miedo, que también lo hubo, sino por admiración: un corredor tomó la curva de Mercaderes por fuera, a la izquierda de la manada y quedándose encerrado con la pared de los primeros edificios de la Estafeta. Parecía no tener escapatoria, que iba a resultar empitonado y aplastado, pero demostró fe. Ni una mueca de parar. Siguió corriendo y salió indemde de allí. Hay quienes le llamaron inconsciente por trazar así la curva. ¿Tocó a algún toro? No. ¿Quiso pegar a alguno de ellos? No. ¿Rozó a otro mozo? No, y hasta esquivó a uno (paralizado de miedo junto al vallado que cierra) y saltó a otro que se encontraba en el suelo. ¿Puso en riesgo una vida que no fuera la suya? Tampoco. Entonces, inconsciente no; valiente, que termina con las mismas cinco letras pero es otro mundo. Inconsciente, ya se ha escrito, fue aquél. El pata.
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La manada de morlacos y los toros de El Ventorrillo corre en formación por la Estafeta antes de que tres astados se cayesen. JESÚS GARZARON
Los toros de El Ventorrillo arrinconan a dos corredores, aterrorizados por el momento, contra las persianas de Mercaderes. EDUARDO BUXENS
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