Esta chatarra irá a parar a un gestor de residuos que la triturará para su reciclado
El Plan Renove foral ha llevado a los desguaces navarros 250 toneladas de chatarra, más del doble que en los meses en los que no se concedían las ayudas directas, donde se contabilizaron unas 125 toneladas. Esta cantidad de chatarra cuyo fin último será el reciclado, refleja, según Manolo Manjón Carrera, responsable de desguaces La Cabaña, "una renovación del parque automovilístico navarro". "Ahora tenemos coches más seguros, menos contaminantes y un sector más fuerte en Navarra.
Todo un acierto", comenta. Hasta el 19 de mayo 3.600 coches se habían acogido al Renove foral.
El desguace Zulueta, gestionado por Agustín Martín Vélaz, es un claro ejemplo del aumento de chatarra. Con una capacidad máxima para 50 vehículos, asegura que "ahora mismo está desbordado" y debe desviar pedidos hacia otros desguaces con mayor capacidad. En cambio, durante los meses de enero y febrero esta situación no se repetía. "De los 50 vehículos que entran en mi desguace, 35 lo hacen por Plan Renove", comenta. Idéntica situación se ha repetido en desguaces Mutilva. Su gerente, José Luis San Martín, cuenta que en enero almacenaron 8.000 kilos de chatarra, la mitad que los meses de marzo, abril o mayo. "En momentos puntuales llegamos incluso a triplicar el número de vehículos que recibimos".
Dentro del desguace
Un accidente o la sustitución de un vehículo por otro son las causas más habituales que provocan que un coche llegue a un desguace. Desde que la grúa recoge el vehículo en un concesionario hasta que el turismo se convierte en un cubo metálico, hay una serie de pasos que deben seguirse para que el proceso llegue a su fin de manera satisfactoria. Antes de entrar dentro del pabellón de 110.000 metros cuadrados que Desguaces La Cabaña tiene en Berrioplano, los coches se depositan en una campa exterior. Aquí los operarios seleccionan los vehículos que pueden ser útiles para fragmentar sus piezas y cuáles deben ser prensados directamente por su estado. "No me hacía cargo de la cantidad de barbaridades que se hacen al volante hasta que empecé a trabajar aquí. He visto coches realmente destrozados y la verdad es que, por una u otra causa, yo ahora levanto un poco el pie del acelerador", se sincera Héctor Llamas, empleado del desguace.
El taller se divide en dos secciones, una para desmontar la chapa y otra dedicada a la mecánica. Por ello, en el caso de aquellos coches que pasan al interior del pabellón, el primer paso que se lleva a cabo es la descontaminación, un proceso que consiste en retirar baterías, neumáticos, anticongelantes y aceites; es decir, todos aquellos elementos más contaminantes. "Lo introducimos en contenedores especiales y cuando están llenos, llamamos a un gestor medioambiental para que los recoja", explica José Manuel Manjón.
A continuación, se realiza el desmontaje. "Vemos qué partes del vehículo pueden ser útiles y desmontamos aquellas que creemos pueden ser más demandadas por los clientes para guardarlas en el almacén y que estén más accesibles", dicen en la empresa. La Cabaña descontamina unos 8.000 vehículos al año, por lo que dispone de gran cantidad de piezas de recambio para vender, una actividad que, a pesar de la crisis, no ha visto incrementada su demanda. Más allá de retrovisores, puertas, llantas, frenos o baterías, hay partes del coche que la gente solicita en menor medida, como pueden ser las lunas o los capós, por ejemplo. Para estos casos, los 40 operarios que componen la plantilla del desguace ordenan los vehículos por marcas en un descampado situado en la parte exterior. Así podrán encontrar cualquier pieza cuando lo necesiten.
A lo largo y ancho del desguace, a excepción del almacén, pueden verse diversas piezas apiladas en contenedores de aluminio que deben ser clasificadas una a una para comprobar cuáles podrían ser reutilizables. Son cuentakilómetros, llantas o baterías que se acumulan por los rincones. Algunas de las piezas que se desmontan y no funcionan, los motores por ejemplo, tratan de arreglarlos para que puedan volver a utilizarse en futuras ocasiones. "Almacenamos por un lado las piezas grandes y, por otro, las pequeñas para que nos resulte más sencillo encontrar lo que nos piden", explican los trabajadores.
Un robot se encarga de clasificar, de manera automática, las partes de mayor tamaño de los turismos en el almacén. "Llenamos un contenedor con piezas iguales (puertas de coches, por ejemplo) y a través de un sistema informático damos la orden al robot para que lleve el contenedor al sitio correspondiente en el almacén. "Hace sólo año y medio que contamos con él y la verdad es que nos ha facilitado la labor muchísimo", dicen los dueños. El almacén se compone de seis pasillos de aproximadamente 500 metros de largo y una serie de compartimentos dispuestos en unos andamios de alrededor de nueve metros de altura. El robot se mueve a través de un sistema láser que detecta el punto exacto al que debe dirigirse.
Por su parte, arranques, faros, alternadores y pilotos son albergados en una serie de bandejas individuales de tamaño más reducido. "Así es más sencillo encontrar lo que buscas después", afirma Eduardo Ollo, trabajador de la empresa.
Una vez que los coches no dan más de sí, cuando ya no hay más partes aprovechables, los vehículos son prensados. Con ayuda de una grúa y un gancho de hierro, los operarios cogen los vehículos y los elevan hasta la prensadora. Una vez dentro y gracias a un mecanismo hidráulico, en apenas treinta segundos un turismo pasa a convertirse en un bloque de chatarra de aproximadamente 1,20 metros de ancho, 1,60 metros de largo y 60 centímetros de alto. A pesar de que todos los trabajadores están capacitados para ocupar cualquier función del proceso de descomposición de los vehículos, quienes operan con las máquinas no dejan su puesto. "El resto nos solemos mover de sector dependiendo de la cantidad de trabajo que haya", cuenta Llamas.
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Héctor Llamas frente a un montón de chatarra apilada procedente de varios coches que han pasado por la prensadora. SOLA
1. GRÚA Llevan los vehículos al desguace con ayuda de una grúa, donde se estudiará qué partes podrían ser útiles. SOLA
4. SELECCIÓN Cuando ya no se puede aprovechar ninguna pieza más de los coches, se llevan a la prensa. SOLA
2. DESCONTAMINACIÓN Se retiran elementos perjudiciales como aceites, neumáticos, anticongelantes y baterías. SOLA
5. PRENSA En cuestión de segundos un coche es reducido a un cubo de apenas 1,20 m de ancho por 60 cm de alto. SOLA
Héctor Llamas frente a un montón de chatarra apilada procedente de varios coches que han pasado por la prensadora. SOLA
3. MOTORES Eduar Vázquez se encarga de retirar los motores, que después arreglarán para reutilizarlos. SOLA
6. CHATARRA Los vehículos, una vez prensados, pasan a apilarse como chatarra, que posteriormente se venderá. SOLA
Rober Jiménez lleva una puerta al almacén. SOLA
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