Un niño movido no siempre es hiperactivo. Pero si tiene otros síntomas, como impulsividad o falta de atención, hay que consultar. Unos 3.000 niños padecen trastorno por déficit de atención e hiperactividad en Navarra pero no todos se tratan.
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más comunes en los niños y adolescentes hasta el punto de que una de cada dos consultas se deben a este motivo. Según Javier Royo, se estima que un 5% de los niños de entre 6 y 16 años padecen este trastorno, lo que supone 3.000 niños en Navarra..
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas psiquiátricos más comunes en los niños y adolescentes hasta el punto de que una de cada dos consultas se deben a este motivo. Según Javier Royo, se estima que un 5% de los niños de entre 6 y 16 años padecen este trastorno, lo que supone 3.000 niños en Navarra.
¿Va a más?
Hace muchos años se pensaba que era un trastorno provocado por los padres, por no educar bien. Pero se ha comprobado que el trastorno tiene una base biológica muy importante. El peso genético es variable y posiblemente alguno de los padres también padece el trastorno. Cada vez hay más diagnósticos pero estamos lejos de las cifras normales de diagnóstico. La red pública trata alrededor de 500 cuando en Navarra puede haber unos 3.000 afectados.
¿Qué repercusiones tiene?
Tiene un alto impacto porque afecta a diferentes esferas. El niño tiene problemas en casa, con los padres y hermanos, en el colegio, porque hay problemas de atención, etc. La repercusión es doble y eso genera problemas de autoestima que pueden acarrear incluso cuadros depresivos.
¿Cuáles son los síntomas?
Están divididos en dos grupos. Los primeros son síntomas de hiperactividad motora e impulsividad. El segundo son los síntomas relacionados con la falta de atención. Un 70% de los niños tienen síntomas de los dos grupos combinados. Pero hay un grupo, de más difícil diagnóstico, que sólo tienen síntomas de atención. Rondan un 20% y es más habitual en niñas. Su detección suele ser más tardía. Si a una chica le cuesta concentrarse y recibe apoyo en casa suele ir pasando pero llega un momento en que no es suficiente. Y suelen ser niños que estudian bastante por lo que aparecen, por ejemplo, crisis de ansiedad o fobias escolares y consultan por estos motivos.
¿Cómo pueden saber los padres si un niño es movido o tiene un trastorno?
Niños movidos ha habido siempre. Pero un cuadro de hiperactividad es más. Es un niño inquieto, que no para y además es muy impulsivo, se precipita, no se frena. Tiene una naturaleza más desafiante y a esto se unen los problemas de atención. Son niños marcadamente despistados, se concentran mal y se compromete el aprendizaje escolar.
¿Antes de llegar al colegio el diagnóstico es más complicado?
Sí. Un padre puede sospechar pero es difícil. Normalmente los diagnósticos más frecuentes se realizan entre 8 y 10 años porque a esa edad la necesidad de atención es mayor y no sigue el ritmo de la clase.
¿Es tarde?
No. Si el diagnóstico es a los 6-8 años es precoz. El problema es que seguimos viendo pacientes nuevos con 14 o 15 años.
¿Cómo actúan los fármacos?
Los fármacos que se utilizan (metilfenidato) son muy eficaces para los pocos efectos secundarios que tienen. Son estimulantes. Estos trastornos tienen que ver con la liberación de un neurotransmisor, la dopamina, y estos fármacos aumentan la cantidad de dopamina.
¿Cuáles son los efectos secundarios?
Tienen que ver con pérdida de apetito que se recupera por la noche y algún problema de sueño, menos frecuente. Son fármacos muy seguros.
¿Y a largo plazo?
Ya hay estudios a largo plazo y se ha visto que no hay efectos secundarios especialmente llamativos. Hay que tranquilizar a los padres porque en ocasiones son reacios a la medicación. Y siempre insisto en que no hay que ser reduccionistas con el tratamiento.
¿En qué sentido?
No basta con el tratamiento farmacológico. Hay que explicar al niño, a su medida, qué le pasa y también a los padres. Darles pautas de comportamiento y también al colegio. El abordaje es global.
¿Qué tipo de pautas?
Por ejemplo mirar al niño a los ojos al hablarle, darle órdenes cortas y sencillas. A la hora de estudiar estar cerca y durante periodos cortos. Hay que animarle, estimularle y no lanzar mensajes negativos así como potenciar los aspectos que se le dan bien, como el deporte, para realzar la autoestima. En el colegio es importante que entiendan que el niño tiene un trastorno. Hay que plantear, por ejemplo, exámenes cortos.
¿Es un problema crónico?
Sí. En un grupo y tras la adolescencia los síntomas motores van disminuyendo su intensidad. Quedan síntomas tan pequeños que no generan impacto. En otros grupos persisten.
¿Pero se pueden controlar?
Hay que ser optimistas. Con diagnósticos eficaces, tratamiento y apoyo mejora mucho el pronóstico.
¿Los padres llegan a la consulta sintiéndose culpables?
Sí. Los padres llegan a las consultas con una sensación de fracaso personal. Con unos hermanos funcionan unas pautas y con otro no y al final se desesperan. Piensan que lo hacen mal. Hay que explicarles que no es así, que las pautas deben ser distintas. El mensaje que se debe transmitir es que se puede controlar. Es un trastorno muy agradecido y el niño tratado mejora de una forma drástica.
Los pediatras son pieza clave en estos problemas.
En Navarra tienen una implicación alta y su formación es mayor. Falta mucho camino pero por problemas como la falta de la especialidad. Por ejemplo, los pediatras no rotan por dispositivos de salud mental infanto-juvenil porque no hay.
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Javier Royo, psiquiatra del Hospital de Día Infanto-Juvenil. ARCHIVO
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