Cada pelea es un mundo particular, pero las estadísticas corroboran que hay parámetros que se repiten en casi todas: jóvenes de no más de 30 años, varones, entre las 4 y las 7 de la mañana y presencia de alcohol o drogas, o ambos, en el cuerpo
Ocurrió el verano pasado en un bar. Un joven de 20 años se acercó a otro y le preguntó: "¿Qué estás mirando?". Ni una palabra más. Acto seguido sacó una navaja y le asestó varias cuchilladas en la espalda, el pecho, una mano y un brazo. El autor de la agresión fue condenado la semana pasada a 2 años de cárcel por un delito de homicidio en grado de tentativa. Como atenuantes, algo ya habitual en estos episodios: consumo de alcohol y drogas.
Fin de semana. Alcohol. Drogas. Peleas. Heridos. Detenidos. Son palabras que se repiten con frecuencia las noches de marcha. La mayoría de los incidentes no traspasa la barrera de los puños y las heridas superficiales, pero en ocasiones saltan a los grandes titulares cuando se convierten en reyertas tumultuosas entre bandas latinas (como a mediados de abril en Pamplona), cuando se esgrimen navajas o cuchillos o si la víctima sufre heridas graves que incluso le provocan la muerte (como pasó en Fustiñana también en abril).
Pero, ¿hay muchas peleas en Pamplona por la noche? En lo que va año, las patrullas de Seguridad Ciudadana de la Policía Municipal se han movilizado en un centenar de ocasiones ante un "aviso de pelea" las noches de los fines de semana, lo que da una media de cinco entre viernes y sábado. De las cien peleas, en cinco hubo armas blancas, botellas o vasos. En el resto, los puños, y la mayoría se sofocó ante la presencia policial.
Cinco peleas cada fin de semana, comparadas con el volumen de personas que a esas horas están de juerga, es una cifra "residual", a juicio de Nacho Calvo, secretario de la Asociación de Empresarios de Hostelería de Navarra. "Un sábado por la noche puede haber en las discotecas de Pamplona unas 4.000 personas. Que se peleen 10 o 40 no suponen el cero coma algo por ciento. Si eso es un problema, apaga y vámonos", dice. Por el contrario, Javier Muñoz, fiscal superior de Navarra, cree que hay "demasiadas peleas e incidentes a las salidas de las discotecas". Muchas o pocas, ¿hay más que antes? La mayoría de la decena de personas consultadas responde que ni más ni menos. "Peleas ha habido siempre, hay ahora y habrá", responden en Policía Municipal.
El herido del caso que encabeza esta noticia tuvo que ser operado y necesitó 102 días para recuperarse. Fue un caso extremo. De normal, Urgencias del Hospital de Navarra atiende una media de 3 o 4 personas cada fin de semana por peleas. El médico de Urgencias Tomás Belzunegui apunta que sobre todo reciben "contusiones en la cara y heridas por vasos". También hay muchos que, con heridas muy leves, buscan un parte de lesiones para denunciar.
Peleas por tonterías
Tratar esta problemática del fin de semana tiene un riesgo: generalizar. "Y no hay que hacerlo. Hay que romper con el binomio violencia-juventud", expone David Chivite, presidente del Consejo de la Juventud de Navarra. "Esas peleas o daños intencionados son actitudes minoritarias", apunta, algo que corrobora la Policía Municipal. "Son siempre los mismos, la misma quincena de jóvenes, los que están metidos en todos los altercados". "Lo que sucede", añade Chivite, "es que los medios de comunicación hipertrofian estas actitudes minoritarias y generalizan, sin resaltar lo positivo de la juventud. Sientes impotencia cuándo sólo se destaca lo negativo de los jóvenes".
El doctor Belzunegui también rompe una lanza por desvincular otro binomio: violencia-inmigración. "Hay que quitar hierro a que sea un tema asociado a la inmigración. Quizás los suramericanos beben de una forma más compulsiva y en ese contexto puede haber más problemas, pero en las peleas hay de todo", expresa.
Alcohol y drogas, siempre
Cada pelea es un mundo particular, pero las estadísticas corroboran que hay parámetros que se repiten en casi todas: jóvenes de no más de 30 años, varones, entre las 4 y las 7 de la mañana (e incluso mañana avanzada) y presencia de alcohol o drogas, o ambos, en el cuerpo. Y entre las drogas, la cocaína. "El aumento del consumo de cocaína de diez años a esta parte es espeluznante", alerta un juez de guardia de Pamplona. "Provoca mucha agresividad. La gente se calla, pero muchos están consumiendo, muchos más de los que lo reconocen. Y en todo esto no tenemos experiencia de gestión", reflexiona el sociólogo Mario Gaviria. "La euforia que sienten cuando están de fiesta hace disminuir el riesgo, se sienten más invulnerables y a veces más susceptibles a los enfrentamiento", apostilla el juez. Nacho Calvo, sin embargo, lo desvincula del consumo de alcohol y drogas. "Si uno es violento, es violento, da igual de lo que vaya. Yo lo veo más como un problema de concentración. Las peleas se dan cuando hay mucha gente junta, siempre hay un tonto que la lía".
Y si desde fuera existen tantas opiniones como opinantes acerca de las peleas, los implicados en ellas siempre tienen visiones antagónicas de lo sucedido. "Todos los que vienen declaran que el otro empezó primero, que ellos se defendieron. Y que no recuerdan muy bien qué pasó", apunta el juez. "¿El origen de las broncas? Tonterías: que uno ha mirado mal a otro, que un tercero ha recibido un empujón, que se ha fijado demasiado en la novia de un cuarto o, simplemente, que se tenían ganas. Se llega a estas situaciones de manera explosiva. De la nada se monta un altercado", apuntan los policías municipales.
Tampoco se puede buscar una explicación racional de por qué algunos rompen los espejos retrovisores de la hilera de coches aparcados que encuentran por el camino, lanzan patadas contra las papeleras, hacen pintadas en paredes, dañan escaparates... Y como las peleas, los daños intencionados "ha habido siempre, hay ahora y habrá".
Imagen de archivo de una intervención de la Policía Municipal de Pamplona en una noche de fin de semana. ARCHIVO
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