"Me parece fundamental cumplir años sin quedarse encerrado en la nostalgia"
Hace gala de una naturalidad envidiable, pese a que acumula los premios de poesía más prestigiosos y también es un ensayista y columnista consagrado. Luis García Montero (Granada, 1958), pareja de la también escritora Almudena Grandes, disertará esta noche a partir de las 23.30 horas, con el tono sosegado que le caracteriza, sobre la Defensa de la literatura.
Para alegría de sus seguidores, promete recitar más de un poema en este encuentro organizado por Diario de Navarra y la Fundación Caja Navarra.
¿La literatura está tan debilitada como para necesitar una charla que la defienda?
Me parece importante defender la lectura, creo que el libro tiene un valor simbólico en los tiempos que vivimos de tanta urgencia y prisa; la gente no dispone de tiempo ni para pensar en las cosas fundamentales de su vida ni para ser dueña de sus propias opiniones. Los dogmas o las ideas establecidas son como la prisa del pensamiento y no se entra en matices. La literatura es una reivindicación de la conciencia individual. El poeta indaga en sí mismo pero para dialogar con el lector, es un individualismo dialogante. Por eso voy a defender que los libros son un espacio público en el que pueden dialogar las conciencias del autor y del lector.
¿La poesía es un género más proclive para establecer este diálogo?
La poesía radicaliza todas estas cosas que estoy diciendo. Me parece que todo escritor ha sido un lector apasionado que ha descubierto las dimensiones de la vida con un libro en las manos. Hay que cuidar al lector adolescente que llevamos dentro, porque cuando muere te conviertes en un viejo cascarrabias o en alguien que se acerca con un sentido excesivamente profesional a la lectura. La lectura de poesía es un ejercicio de más intimidad; su lenguaje es más concentrado, exige más esfuerzo de interpretación. La novela puede tener público, la poesía tiene lectores. Lo difícil es que se acerque a la poesía un público mayoritario.
¿La defensa de la literatura se realiza con más pasión con una mujer escritora al lado?
En el fondo las relaciones amorosas suelen surgir en el ámbito en el que te mueves, y tiene sus ventajes y sus inconvenientes. Lo que tiene que haber es un respeto y una admiración mutuos muy grandes. Me dedico a un género minoritario y no me cuesta ningún trabajo vivir con una mujer que cuando publica una novela vende 200 ó 300 mil ejemplares, porque admiro mucho su trabajo. Hablamos mucho de literatura, y cuando terminamos una obra somos los primeros lectores y la conciencia crítica del otro.
Acaba de publicar el poemario La vista cansadajusto al cumplir los 50. ¿Afronta la nueva década con mirada renovada?
Sí, el título tiene una doble lectura. Me pareció que los 50 es un momento oportuno para pensar en el paso del tiempo y de la historia. En estos 50 años España ha tenido una transformación vertiginosa, hemos pasado de ser un país instalado en el subdesarrollo a otro instalado en el bienestar. Esto afecta a la educación sentimental, a la forma de ser... Y también me parece fundamental cumplir años sin quedarse encerrado en la nostalgia. Vista cansada significa aceptar la factura del paso del tiempo, pero también la voluntad de acudir al oculista para que te gradúe los ojos y poder seguir viendo con claridad la realidad.
La vida y sus experiencias personales son las protagonistas indiscutibles de sus obras. ¿La ficción no le atrae tanto?
Fíjate que yo suelo identificar la ficción con la experiencia. Los poetas que nos acercamos a la realidad aprendemos enseguida que el yo biográfico no es exactamente lo mismo que el personaje literario. Si yo hablo de mi amor, no puedo caer simplemente en un desahogo amoroso, porque entonces lo que escribo es importante para mí pero deja fuera al lector, no se emociona. Me está ocurriendo lo mismo con un texto sobre el poeta Ángel González que publicaré en mayo con Alfaguara. Empecé una biografía con tono académico, pero me di cuenta de que no funcionaba, se perdía lo que más me afectaba, la emoción con la que Ángel mantenía su memoria. Al final me ha salido una novela que pretende ser testimonio de una realidad; se titula como un verso suyo, Mañana no será lo que Dios quiera. Contiene el instinto de supervivencia y resistencia de alguien que luchaba contra el camino que tenía marcado.
Conoció a Ángel González, pero también fue amigo de Rafael Alberti. ¿Qué se extrae de la amistad de estos dos genios de la poesía?
Tuve mucha suerte, sobre todo con Rafael. Le conocí poco después de que volviera del exilio, cuando yo estaba haciendo mi tesis sobre el teatro medieval. Me resultaba difícil compaginar la vena académica con mi vida de joven poeta que quiere comerse el mundo. Para mí era un mito, y me encontré con alguien muy generoso que se bajó de su altar, dejó de ser un mito y se convirtió en un amigo. Me enseñó su vitalidad y a amar mucho la literatura, el suyo era un amor desbordado por la poesía.
En una crítica literaria le definen como el poeta contumaz. ¿Ante qué se rebela?
Soy contumaz al defender unos valores que mucha gente cree trasnochados, pero que yo considero que están en el centro de la propia cultura occidental: la razón, los espacios públicos, la democracia... Siempre repito una frase de Antonio Machado, "La verdad de la libertad no es poder decir lo que pensamos, sino poder pensar lo que decimos". Esa dimensión social de la libertad me parece fundamental. Y también defiendo que la poesía representa al ser humano que se toma el esfuerzo de pensar las cosas por lo menos tres veces.
Recientemente tuvo un litigio con un profesor de Granada que llamó fascista a Lorca. ¿Se tomó estos insultos como si fuesen contra su propia persona?
Sí, y además también me insultó a mí. Me parece intolerable que en la Universidad de Granda se explique a los estudiantes que García Lorca era un fascista. Aparte de la estupidez personal se mezcla una manipulación histórica muy fuerte. Tuve la mala suerte de encontrarme con un individuo estalinista, que cree que la individualidad no merece ningún respeto. Pero creo que la libertad de expresión exige una respuesta rotunda, y por eso le llamé profesor perturbado. Me llevó a los tribunales, no quise judicializar la vida universitaria y preferí pagar la multa.
¿Qué le alegra el día a Luis García Montero?
El momento más feliz es cuando llego a casa con tiempo por delante, me pongo un whisky y tengo un libro entre manos. Esto, hablando de cosas confesables (ríe). Me alegra mucho la lectura y la escritura, y los que nos dedicamos a esto tenemos la suerte de mezclar el ocio y el trabajo.
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El poeta también imparte hoy un taller de creación literaria en Civican titulado Leer poesía, escribir poesía. BUXENS
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