La inmigración no solucionará el problema del envejecimiento de los países avanzados, como España. A pesar del importante porcentaje que represente respecto a la población, su estructura de edad y su nivel de fecundidad, el efecto dinamizador de la inmigración es sólo temporal. "Con el paso del tiempo, la población extranjera también irá envejeciendo y acabará adaptando sus patrones reproductivos a los de la población de acogida", arguye Beatriz León en un trabajo publicado en la revista de FUNCAS.
Otro de los estudios, elaborado por Fernández Cordón, indica que, para cumplir ese objetivo, España necesitaría incorporar desde 2025 un millón de inmigrantes anuales, que se elevarían a 1,4 millones anuales en 2040, para estabilizarse en torno a 600.000 en 2050. Unas cifras que dejan entrever, según el autor, que, si bien la inmigración es positiva para el crecimiento de la población, "no es la solución, dado que estas cifras son inalcanzables y difícilmente sostenibles en cualquier país económicamente avanzado".
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