La selección, tras golear a Kuwait, se dio otro "festín" frente a Cuba
Se acabó lo fácil para la selección española en este Mundial. Los partidos ante Kuwait y el de ayer contra Cuba (45-20) le ha servido para coger ritmo y sólo han dejado claro la devastadora capacidad ofensiva mostrada por esta selección, aunque a partir de hoy se verá su reacción ante los grandes y si es capaz de jugar igual cuando el marcador no esté tan a su favor.
Cuba dio incluso más facilidades que las ofrecidas el sábado por Kuwait por las numerosas pérdidas de balón que protagonizó y su falta de intensidad defensiva, que originaron un carrusel continuo de contragolpes españoles. A España le bastó con robar fácil y correr mucho para ganar el partido.
El partido contra los cubanos -qué diferencia de la selección que acabó novena en el Mundial del 99, liderada por Uríos (máximo goleador del torneo), Vladimir Rivero, Julio Fis o Ivo Díaz- fue un monólogo español, que hizo del contragolpe una fórmula de vida. Los españoles martirizaron con su velocidad a los cubanos y a base de balones largos les cogieron siempre de espaldas. Todo ello, claro está, ayudado por las numerosas pérdidas de balón en ataque.
Aceptada la carta de la velocidad como estilo de juego, los extremos españoles se convirtieron en las grandes estrellas del espectáculo, con 25 goles entre Rocas, Ugalde, Juanín García y Tomás. Con la mente liberada por la victoria que estaba en la mano, todos se dedicaron a dar paso a la imaginación. Los cubanos, en defensa y en ataque, les permitían todo. La única incógnita era saber dónde pondría España la diferencia final. Acabó siendo de 25 goles: 45-20.
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