"Aranzadi tiene demasiadas edificaciones y muchas de ellas incumplen el parámetro ecológico"
Pese a haber conducido desde Barcelona durante la madrugada para estar en Pamplona a las 9 de la mañana, Iñaki Alday Sanz, de Zaragoza y con 43 años, era incapaz de ocultar ayer su alegría al asistir a la apertura de las plicas del concurso internacional para el parque de Aranzadi.
Sabía que su estudio Aldayjover Arquitectos (Iñaki Alday y Margarita Jover Biboum) había conseguido el primer premio cuando le llamaron el pasado miércoles desde la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento, pero no podía contarlo públicamente hasta que se abrieran los sobres con las identidades de los participantes.
Aunque no tuvo contacto con el protagonista del proyecto, el meandro de Aranzadi, hasta el pasado mes de septiembre, Iñaki Alday demuestra haber adquirido unos conocimientos precisos de la zona y reconoce que le ha impactado la vegetación que la conforma. Su estudio se ha especializado en parques fluviales y son los autores, entre otros, del parque metropolitano del agua de la Expo 2008.
El jurado ha valorado de su proyecto el equilibrio entre la preservación de los valores del meandro y su potenciación como parque. ¿Cómo se consigue esa armonía?
Entendiendo el papel de Aranzadi a nivel territorial y su pertenencia a un sistema ecológico que hay que hacer compatible con el hombre, es decir, con la explotación agrícola y con su transformación en el espacio público que ahora no es. Hemos buscado agrupar tres factores: la historia, la naturaleza y la ciudad.
¿Qué es lo que más les ha llamado la atención del meandro?
Fue importante descubrir que tenía una topografía singular y nos llamó la atención la vegetación, que tiene un porte bárbaro. Nosotros hemos trabajado bastante en relación con los ríos, pero no ha sido sobre este tipo de terreno en el que resulta mucho más amable proyectar. De hecho, el nivel de intervención más duro que tenemos previsto realizar en Aranzadi es transformar algunas huertas en jardines.
Precisamente sobre las huertas existía un temor infundado en algunos sectores de que la actuación pretendía acabar con ellas. ¿Cuál es su propuesta?
Frente a esa idea de retirarlas, lo que hacemos es crear una segunda orla de bosque de ribera porque vimos que para ello no había que tocar casi nada de la zona. De esta forma creamos un paisaje fluvial que ahora es inaccesible y preservamos la zona de huertas entre dos bosques. Se consigue así reforzar la zona de huertas mediante un espacio con cierto misterio.
Pero sí proyectan huertas diferentes.
Aunque se tocan lo mínimo, sí se crean varios tipos de huertas: una didáctica, otra social, una experimental y otra productiva. Pero siempre potenciando las variedades locales y esa huerta ecológica pionera que existe en Aranzadi. En contra de lo que algunos piensan, es importante mantener ese espacio agrícola.
¿Cómo han tratado la presencia del río Arga en el proyecto?
Estamos acostumbrados a trabajar con ríos y también con zonas inundables. Nuestra primera experiencia en ese sentido fue el proyecto de recuperación y ordenación de ribera del río Gállego a su paso por Zuera. Ellos querían hacer una plaza de toros y les hicimos un anfiteatro que se inunda de vez en cuando.
Aranzadi también se inunda. ¿Cómo se trabaja en un lugar así?
Con la dinámica de que hay que entender al río. Ahora se valoran de otra forma los elementos naturales. Se impermeabilizan las actuaciones y el comportamiento del río es diferente porque se establecen reglas de convivencia.
¿Facilitando al río su trabajo?
Eso es lo que vamos ha hacer, dejar al río que entre al meandro, porque él mismo se regulará y tardará más en hacerlo. Es una negociación con el río utilizando los mismos elementos que han usado los hortelanos durante siglos, por ejemplo, filtrando el agua con mallas. Una de nuestras referencias para el proyecto es la verja de la finca de Arraiza. En lugar de hacer un muro que provocase inundaciones en la parcela contigua, construyó una verja abatible que es como un pacto con el río. Estamos seguros de que el río entrará, y no le vamos a poner inconvenientes, pero causará menos daños. Si las huertas de Aranzadi son tan fértiles es gracias a él.
¿Y las edificaciones? Algunas desaparecen.
Aranzadi tiene demasiadas, e incluso muchas incumplen el parámetro ecológico. Se va a retirar lo que resulta innecesario, es decir, lo que no cumple con los fines que van a tener los edificios en el parque: la restauración, el centro experimental y otro didáctico.
El tráfico, tanto el rodado como el peatonal, también tienen su tratamiento.
Hay que hacer un viario de uso restringido, que se utilice exclusivamente para el mantenimiento de las huertas y los jardines. Para ello se crean dos aparcamientos de borde, con la intención de que el uso sea primordialmente peatonal. También se construyen tres nuevas pasarelas: una a medio camino entre la residencia del Vergel y la de Alemanes, otra en el vértice superior y otra frente a la Rochapea.
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