Prestigioso divulgador, Ramón Núñez considera que la mayor parte de los ciudadanos carece de aptitudes y herramientas básicas de la ciencia, y que son los museos quienes están asumiendo la responsabilidad de su educación científica
Ramón Núñez Centella (La Coruña, 1946) es uno de los más reputados divulgadores científicos en España. Dirigió los tres principales museos gallegos antes de hacerse cargo del Museo de Ciencia y Tecnología, en Madrid. Esta semana viajó a Pamplona para celebrar el 15 cumpleaños del Planetario. Le acompañó Pilar Tigeras Sánchez (Madrid, 1951), vicepresidenta adjunta de Organización y Cultura Científica del CSIC.
¿La divulgación es uno de los mayores retos de la ciencia hoy?
En divulgación hemos de partir de cero, ya que la inmensa mayoría de la gente, aunque haya pasado por la escuela, son analfabetos científicos. Carecen de cosas básicas. No de conocimientos, sino de actitudes como ser curioso o tener sentido crítico. Y faltan habilidades: una persona con mínima preparación científica sabe leer gráficos, extrapolar, conoce que una predicción tiene un grado de incertidumbre... Falla lo esencial. Contarle a la gente cómo se hace un trasplante de células madre puede ser fácil, pero que una persona utilice a diario la ciencia para tener un criterio es más difícil.
¿Por dónde empezar desde cero?
Los medios de divulgación han de ser completos. No vale plantearse un objetivo muy específico, no vale explicar si hay vida en Marte. Hay que envolverlo en la salsa de la ciencia, para que la gente entienda sus procesos y procedimientos. No vale cambiar la fe en la Biblia por la fe en Darwin. Quien lo hace sigue siendo un analfabeto científico, porque ha cambiado una fe por otra. Se trata de que la ciencia aporte herramientas para ser crítico con las propias creencias.
¿Cuál es el papel que le queda al museo en la divulgación?
Todos los centros de ciencia (museos , planetarios, acuarios...) están asumiendo la responsabilidad de la educación científica permanente. La educación en la enseñanza reglada es insuficiente. No atiende a lo esencial de la ciencia: es imprescindible que la persona viva la tarea de hacer ciencia, que formule hipótesis, mida, experimente... La enseñanza se limita a una repetición de datos, hechos, nombres, cifras.... Y lo aprendido tampoco vale, porque la ciencia cambia rápidamente. En 20 años todo se queda caduco.
© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual