El general Emilio Mola Vidal (Cuba 1887-Burgos 1937) falleció en un accidente de aviación el 3 de junio de 1937, cuando se dirigía desde Vitoria hacia el frente Norte. Protagonista del alzamiento nacional del 18 de julio, declaró el estado de guerra al día siguiente desde el Palacio de Capitanía, hoy Archivo General de Navarra, donde permanecía recluido.
Nada más conocerse el fallecimiento, la Diputación solicitó que el general Mola fuese enterrado en Pamplona. El cadáver llegó a la capital navarra a las 18.45 horas del día 4 de junio. Esa misma mañana el Ayuntamiento había celebrado una sesión extraordinaria en la que, entre otras cuestiones, se acordó "designar una comisión especial que estudie las formas de perpetuar la memoria del finado, incluso con la erección de un monumento, y ofrecer los nichos municipales para conservar en uno de ellos el cadáver del malogrado militar", decía el acuerdo municipal.
La comitiva fúnebre integrada por bandas de música y autoridades civiles y militares entró en Pamplona por la plazuela de San Lorenzo y se detuvo frente a la Diputación, donde se rezó un responso. A continuación, por el Paseo de Sarasate y la calle Navas de Tolosa, el coche fúnebre se dirigió al cementerio. Allí, tras un nuevo responso, a las 20.20 horas, el féretro fue introducido en el nicho.
Entierro en los Caídos
Los restos de Emilio Mola Vidal fueron exhumados del cementerio de Pamplona el 15 de julio de 1961 a las 9 de la mañana "y trasladados a las 20 horas del día 16 a la Catedral", tal y como queda recogido en la anotación del libro del camposanto. Al día siguiente, para conmemorar el XXV aniversario del alzamiento, tanto los restos de Emilio Mola como los de José Sanjurjo, general fallecido en julio de 1936, también en accidente de aviación, fueron trasladados en un cortejo fúnebre desde la Catedral hasta la cripta del monumento de los Caídos. En el exterior se celebró un nuevo funeral.
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