E s uno de los vértices del triángulo de monasterios que se desperdigan en la Ribera navarra. El santuario de Santa María de la Oliva, ubicado en Carcastillo, es un genuino ejemplo de arte cisterciense: construido por orden de García Ramírez en 1134, este cenobio alcanzó su mayor esplendor durante los siglos XII y XIII y es, dentro de los monasterios cistercienses españoles, el que conserva un mayor carácter románico.
La solidez de sus muros se vio amenazada durante la Guerra de Independencia, y tras la desamortización de Mendizábal fue abandonado. En 1927 fue nuevamente ocupado por los monjes y en la actualidad es posible asistir a las liturgias cantadas en lengua vernácula por los 26 monjes residentes. El conjunto de la Oliva es uno de los más importantes del patrimonio medieval español, y conjuga con gran belleza elementos del arte gótico y románico. Entre sus tesoros artísticos destacan la sala capitular, la capilla de San Jesucristo, la iglesia de Santa María y el claustro gótico, que se edificó sobre el anterior claustro románico. La entrada para visitarlo cuesta dos euros.
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