E MBLEMÁTICO como pocos, el Castillo de Javier es uno de los rincones más queridos por los navarros. Su inconfundible silueta con torres almenadas es el destino de multitudinarias peregrinaciones en marzo que acuden en masa para honrar al patrón de Navarra.
Y es que esta fortaleza del siglo X es la cuna de San Francisco Javier, el jesuita más universal que llevó su labor evangelizadora a los confines de Asia. El Castillo se enclava estratégicamente entre los reinos de Navarra y Aragón, y es uno de los pocos ejemplares de su época que conserva estructuras defensivas con troneras y saeteras. La sala de Escudos, la torre del Homenaje, la habitación de San Francisco Javier o la capilla del Santo Cristo son algunas de las dependencias que se han mantenido en buen estado, siglos después de ser construidas. El toque más contemporáneo de esta robusta construcción se dio en el marco del V centenario del nacimiento del santo, celebrado en 2006, cuando se construyó un auditorio polivalente y una sala de exposiciones que alberga el legado del mayor biógrafo del santo.
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