"Las hayas se cortan con 120 años, cuando pueden vivir hasta los 300 y convertirse en refugios"
BUSCAN el árbol más viejo de Navarra y ya cuentan con candidatos. "Quizá la más famosa sea la "encina de las tres patas" de Mendaza (denominada así por la singular terminación de su tronco, como si se apoyara en tres ramas). Se le calculan cerca de 1.200 años. Además es conocida la presunción del tejo de Etxalar, pero existe otro en Ochagavía que no tiene nada que envidiarle".
Óscar Schwendtner García es uno de los portavoces de la Asociación de Amigos de los Árboles Viejos y admite que, sin duda, ambos ejemplares cuentan con "más de mil años". Tienen localizados además otros árboles longevos en parajes de la Comunidad foral como Otxoportillo (Urbasa) y Lokiz, y quieren conocer más, por lo que animan a todos los navarros aficionados a este tipo de vegetales a que se pongan en contacto con la asociación a través de una dirección de correo como: arbolesviejos@wanadoo.es.
Determinar la "edad"
"Es muy difícil determinar la "edad" de un árbol", cuenta Schwendtner. Depende de la especie, del desarrollo que ésta haya tenido durante su crecimiento y de su localización. "El mito ése de que la edad se puede saber contando los anillos del tronco es una verdad a medias. Además de que para extraer esa madera es necesaria una autorización administrativa, en muchas ocasiones se da el caso de que el árbol continúa "vivo", a pesar de que su tronco haya quedado hueco". Como ejemplo de este curioso fenómeno y del trabajo en la asociación, que agrupa a una treintena de socios en Navarra, Schwendtner, relató una reciente visita a la selva del Irati. "El objetivo principal de la salida era un impresionante tejo de gran tamaño (perímetro a la altura del pecho de 5,65 metros y 17 metros de alto) y gran robustez. Daba impresión de vitalidad, a pesar de que, por comparación con otros tejos de edad conocida, le calculamos una edad que rondaría los 2.000 años, 500 arriba y 500 abajo", explica.
El hecho de tener el tronco hueco no implica la muerte del árbol. "La vida circula por fuera, por la corteza. El interior queda simplemente como un tejido de sujección de toda la estructura arbórea (tronco y ramas más follaje)". Precisamente, relata, en los tejos se ha descrito un "curioso e interesante fenómeno de autoperpetuación". Son capaces de desarrollar raíces desde el tronco hueco, que atraviesan la acumulación de humus interior que hubiera podido producirse, y llegan a anclarse en la tierra. "Una vez que la vieja carcasa ha muerto, pueden brotar ramas y follaje a partir de estas raíces, desarrollando nuevamente el árbol".
La Asociación de Amigos de los Árboles Viejos nació en 2005 para agrupar a interesados en la conservación forestal. "Trabajamos en ámbitos muy distintos: insectos, avifauna, murciélagos, hongos (hay una gran cantidad de especies que habitan la madera muerta) y bosques", indica Schwendtner. Realizan cuatro salidas al año (una por cada estación) en la que observan de primera mano el estado de algunos de estos ejemplares. Defienden su conservación porque, dicen, se encuentran amenazados, entre otras razones, por las talas realizadas en búsqueda del aprovechamiento de madera, por cortas sanitarias debido a la creencia errónea de que alberga plagas, por el abandono de las prácticas tradicionales (desaparición de las dehesas) y, por la competencia con otros árboles jóvenes que crezcan a su alrededor. Por ejemplo, señaló, las hayas se cortan a los 120 años, cuando pueden vivir hasta los 300 y crear nichos que se convierten en refugios para murciélagos, pájaros carpinteros, insectos, hongos, etc.".
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