Decenas de personas se interesaron en Aoiz por la historia y las costumbres del pueblo saharaui
HACE 35 años que el Frente Polisario se levantó en armas para reivindicar la independencia del Sáhara. Ese grito volvió a escucharse ayer en Aoiz, la localidad navarra que, con una treintena, más saharauis acoge. El motivo, la celebración de la fiesta intercultural que anualmente organiza la Asociación Navarra de Amigos del Sáhara (ANAS).
El objetivo, el mismo de hace 35 años, concienciar a la opinión pública de la situación de su pueblo, al que denominan "la última colonia de África".
Hospitalidad navarra
Omar Sidimohamed Jatri, saharaui de 29 años, llegó a Aoiz a finales de 2007. Desde entonces, trabaja en una constructora local. Soltero, se encargaba de la exhibición de la preparación de la ceremonia del té. "Estoy muy feliz aquí. La gente nos trata muy bien". Ataviado con la clásica vestimenta del desierto, Jatri no olvida a la familia que ha dejado atrás. "Mis padres y mis ocho hermanos viven en condiciones infrahumanas en un campamento de refugiados en Tindouf. Me gustaría que pudieran estar mejor y creo que eso se conseguiría con un Sáhara libre".
Por la tarde se rindió homenaje póstumo a la figura de Enrique Zalba Zunzarren , vecino de Aoiz fallecido en abril, que durante toda su vida se implicó con la causa saharaui. Mehdi Hartan, de 30 años, recordaba así su figura: "Dio hospedaje a los primeros saharauis que hace diez años llegaron aquí. Arregló papeles y se interesó por los problemas que tenía nuestro pueblo. Viajó a África en varias ocasiones y, antes de morir, había puesto en marcha un proyecto de placas solares para asegurar la electricidad para un hospital de heridos de guerra".
Con motivo de la celebración de ayer, el colectivo saharaui entregó a la familia de Zalba un texto poético en castellano y euskera relativo al pueblo saharaui. "La poesía oral es una de nuestras grandes tradiciones. A Enrique le encantaba". La identificación de este agoizko con el pueblo saharaui llegó a ser tal que incluso pidió que sus cenizas fueran llevadas a los campamentos de refugiados. "Todos los días tomaba té con nosotros", contó Hartan. El pequeño Ricky, de 4 años, jugaba en el frontón. Su nombre es una muestra más del agradecimiento saharaui a Enrique Zalba.
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