El "Pulpo" hace balance de sus intensos 5 meses en Osasuna. Ha terminado sin coleta, pero feliz. Y en Primera.
Martín Astudillo no puede reprimir una mirada de ternura hacia el despeinado matojo de pelos que sujeta con la mano. Su melena le ha acompañado durante años, pero la promesa que hizo en el vestuario de Osasuna fue firme y así se la hicieron pagar sus compañeros. El domingo por la noche, lo primero que hicieron los rojillos al entrar en el vestuario de El Sardinero fue coger las tijeras y cortarle la coleta..
Martín Astudillo no puede reprimir una mirada de ternura hacia el despeinado matojo de pelos que sujeta con la mano. Su melena le ha acompañado durante años, pero la promesa que hizo en el vestuario de Osasuna fue firme y así se la hicieron pagar sus compañeros. El domingo por la noche, lo primero que hicieron los rojillos al entrar en el vestuario de El Sardinero fue coger las tijeras y cortarle la coleta.
El Pulpo ha calado hondo en el osasunismo. Su cesión ha sido fructífera y su experiencia, grata a todas luces. Es hora de repasar con él esta corta pero intensa aventura.
Ya tienen la permanencia en el bolsillo. Pero lo han pasado mal.
Sí, el último mes ha sido un sinvivivir, casi sin dormir, esperar hasta el último momento para salvarnos... No se lo deseo a nadie.
¿Cuál fue el peor momento, cuando vio que podían descender?
Nunca pensé que podíamos descender. Sabía que teníamos un trámite difícil y lo pasamos mal, con muchos nervios y ansiedad. Pero nunca se me pasó por la cabeza descender.
¿Por qué le salieron esas lágrimas que tanto han llegado a la afición?
Mucha tensión. Nos jugábamos mucho, pero yo más. No podía descender, por mí, por el club, por el orgullo, por seguir estando en la palestra de la Primera División. La última vez que descendí fue muy duro y el fútbol me ha dado una buena revancha.
También es un símbolo de lo que se ha identificado con este equipo en su corta estancia.
Sí. Ha sido una experiencia positiva en todo. He ganado en lo futbolístico y en lo humano. Había oído comentarios del grupo que había en Osasuna, pero hasta que uno no lo vive no lo sabe. Es un grupo extraordinario. Todos son muy humildes, tiran para arriba, vengan de donde vengan, y eso es positivo, te hace sentirte a gusto e identificarte.
¿Cuál es la clave de que todo le haya salido bien tan rápido?
El grupo, que me aceptó como uno más. Ha sido fundamental para que no me sintiera incómodo y extrañara algunas cosas. En pocos equipos pasa y a pocos jugadores.
¿Cómo ha llevado este año el ir y venir de Vitoria, donde vive?
Bien. Después de cada entrenamiento, me voy a casa. Una horita, 45 minutos de paseo para relajarme y llegar tranquilo. No se me ha hecho duro, además hemos tenido un invierno agradable y no han cortado la carretera.
¿Sus hijos le echaban de menos?
Sí, a los niños al principio les costó. Estaban cabizbajos en el colegio, y me lo comentaron los profesores. Pero después estaban contentos cuando el fin de semana iban a ver a papá a Pamplona. Esa alegría me daba fuerzas para seguir adelante.
¿Ellos le han notado alguna vez mal, preocupado, nervioso?
No. Cuando me pasa algo, trato de estar siempre bien, no exteriorizarlo y poner la mejor cara.
¿Se lleva amigos de Pamplona?
El concepto de amistad es complicado. Puedes tener cuatro o cinco en tu vida. Lo que sí me llevo es un gran concepto del respeto, la humildad, el sacrificio y el trabajo. En cada uno de los jugadores con los que he trabajado he sacado algo positivo y me han ofrecido cosas buenas. Y eso es impagable para mí y mis recuerdos a lo largo de esta vida.
Y esos compañeros, ¿qué le hicieron nada más llegar al vestuario el domingo?
Estaban esperándome. Yo fui uno de los últimos en entrar. Estaban todos reunidos saltando y gritando lo de la coleta con las tijeras en la mano. Apenas llegué, me cogieron de la cabeza y esperé a que el sacrificio pasara. Sentí que tiraban, tiraban, y no cortaban.
¿Quién fue el autor material?
Yo no lo vi, pero luego me mostraron un vídeo en el que se ve que empezó Hugo Viana, luego siguió Azpilicueta y terminó Nacho. Después se la quedó Cruchaga. Cuando me enseñaron el mechón, pensé: ¡Qué largo, lo que me va a costar recuperar esto!
¿Lo da por bien empleado?
Sí, valió la pena la promesa.
Conseguido el objetivo, ¿cree que podría seguir en Osasuna o que ya no hay vuelta de hoja?
Los clubes tienen la última palabra. Yo vine con la ilusión de jugar en Primera y lo he cumplido. Ya se verá si se llega a buen puerto o una solución, pero yo siempre estaré agradecido a Osasuna, no reprocharé nada ni pediré nada. Lo que se acuerde será y si no, buscaré alguna propuesta más.
La afición, en cambio, parece un clamor y quiere que se quede.
Me ha tratado muy bien. No soy un jugador espectacular, ni voy a hacer cosas extrañas que puedan salir en la televisión. Mi lema es ser sacrificado y aportar cosas al equipo.
La clave está en el aspecto económico. ¿Le extraña cuando ha dado un gran rendimiento?
No me extraña nada. Me lo tomo todo de la mejor manera.
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