El consumo de vino ha cambiado con los años y también han cambiado las estrategias de venta de las bodegas. "Ha pasado de ser un producto de consumo a ser un producto de deseo. La compra se ha convertido en un momento de ocio", aclaró Belén Cuadrillero, directora de Marketing de las Bodegas Príncipe de Viana, quien añadió que para ganarse un hueco en el mercado "hay que dar un valor adicional al vino, un valor emocional".
El problema, a juicio de Cuadrillero, es que en las bodegas persiste "una visión tradicional" del vino. "Todavía nos cuesta tener en cuenta al consumidor porque tradicionalmente nuestros clientes eran los distribuidores", resaltó. Desde hace dos años, Príncipe de Viana está trabajando para cambiar esto. "Primero tuvimos que pensar qué marca queríamos ser y, después, nos pusimos a trabajar para conocer los gustos de los consumidores, sus emociones, saber con qué asociaban el consumo de vino... y de ahí salió el concepto de marca y la estrategia que íbamos a seguir y que comenzamos a plasmar en la campaña publicitaria", explicó.
Esta campaña se basa "en la constancia". "Es la parte más importante si la empresa apuesta por mantenerse". Y Príncipe de Viana lo ha hecho. Y ha dado a conocer qué quiere llegar a ser: "Nos gustaría ser una marca apasionadamente creativa, envuelta en misterio, con un toque de sensualidad, ser una historia para contar, construir una relación con el consumidor, ser una marca personal para cada uno, ser anhelada, convertirnos en un icono, en algo memorable", destacó Belén Cuadrillero al finalizar su intervención.
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