Como con casi todo, la situación de la energía nuclear en Italia es peculiar. En el país del inventor del primer reactor, Enrico Fermi, no hay una sola central desde que fueron abolidas en referéndum en 1987, al año siguiente del accidente de Chernobyl. Se cerraron las tres que había. Pero la industria y parte de la clase política sueñan desde hace años con un retorno al átomo.
Berlusconi lo puso este año en su programa electoral, aunque su ministro de Economía, Giulio Tremonti, llegó a sugerir construir las centrales en Albania. Dentro de la impronta de soluciones drásticas para Italia del nuevo Gobierno de centro-derecha, ayer lo anunció oficialmente el ministro de Desarrollo Económico, Claudio Scajola: «En esta legislatura, antes de 2013, pondremos la primera piedra de un grupo de centrales nucleares de nueva generación».
El cierre de centrales agudizó la alarmante dependencia italiana, que importa el 80% de su energía, y hace que los italianos paguen las facturas de luz y gas más caras de Europa. Se compra en parte a Francia, que la produce con energía nuclear.
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