Desde que terminó de construirse en la primavera de 1994, hasta que los conductores pudieron utilizarlo en julio de 1997, el puente de Oblatas fue una obra inservible, salvo para deleitar la vista de los paseantes.
Cuando se terminó su construcción, no existía la plaza Sancho Abarca de la Rochapea, por la que ahora se accede al puente, ni se había trazado la calle Río Arga, en el borde del barrio.
El proyecto, con todas sus características, había sido presentado públicamente en el verano de 1991 por sus autores, los arquitectos Luis Tabuenca y Manuel Blasco, y los ingenieros Juan José Arenas, Joaquín Salanueva y Marcos Pantaleón. Su principal novedad estaba en su arco de hormigón central que alcanzaba una altura máxima de 16 metros y que lo asemejaba al puente sevillano de la Barqueta.
El puente dispone de dos carriles en cada sentido de la circulación, y sendos pasos peatonales en los extremos.
Inicialmente, la obra se adjudicó por 348 millones de las antiguas pesetas, pero diferentes acontecimientos, entre ellos varias inundaciones, elevaron la cifra final hasta los 428 millones. Por ejemplo, en octubre de 1992, las riadas arrastraron parte del material de construcción del puente y, además, los hortelanos de la zona achacaron la inundación de sus huertas a estas mismas obras. La situación volvió a repetirse en el mes de diciembre y fue en ese momento cuando se optó por paralizar los trabajos y estudiar algunas modificaciones sobre el proyecto original.
En agosto de 1993 la estructura del puente quedó apoyada sobre los estribos de las orillas y sujetada con los cables de acero del arco. Un año después, en marzo de 1994, soportó la prueba de carga habitual de este tipo de construcciones. En este caso estuvo formada por 8 camiones de 28 toneladas de peso cada uno.
Tuvieron que pasar sin embargo más de tres años hasta que los primeros vehículos pudieron circular por él. Sin cinta inaugural, la apertura oficial del puente de Oblatas tuvo lugar el 28 de julio de 1997.
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