Unas 5.000 personas siguieron de cerca ayer en Burgui el revivir de una tradición maderera arraigada en la localidad y en el valle que desapareció a mediados de los años cincuenta: el trabajo de los almadieros
HE disfrutado como una chiquilla". Así resumió la ex ciclista Joane Somarriba su primera experiencia sobre una almadía. Homenajeada ayer con la Almadía de oro 2008 junto a La Pobla de Segur (Lleida), se montaba a las 11.00 horas en una de estas balsas de madera de 25 metros de largo compuesta por cuatro tramos de 20 troncos de madera de pino.
Hora y media después, descendía la presa de Burgui bajo la atenta mirada de las miles de personas que abarrotaron el entorno del río Esca para ver revivir esta tradición maderera. Antaño, la del almadiero era una labor que empleaba (hasta 1953) a cientos de roncaleses, especialmente de Burgui, que transportaban navegando por el río la madera del Pirineo, al menos, hasta Zaragoza. Hoy es una cita festiva muy especial en el valle de Roncal.
El Día de la almadía cumplió este año su XVII edición. Es organizada por la Asociación Cultural de Almadieros Navarros y en 2005 fue catalogada como Fiesta de Interés Turístico General. Ayer, en un día soleado y con 25 grados de temperatura, Policía Foral contabilizó en Burgui 5.000 personas, 1.500 turismos y 8 autobuses.
Un año más, la falta de agua en el río volvió a obligar a los almadieros a modificar su punto de partida. "Tradicionalmente se sale del término de Oleguía, a 6 km aguas arriba del pueblo, pero como el caudal ha bajado mucho en los últimos días tuvimos que acercarnos el viernes al paraje de Basari, a 3 km, para salvar un hipotético caso de quedarnos atascados que nos impida llegar a la hora", explicó Alfredo Glaría Zabalza, de 33 años y uno de los almadieros.
Así las cosas, y con puntualidad inglesa, la primera almadía descendió la presa a las 12.30 horas; la segunda, en la que viajaba Joane Somarriba, 10 minutos después; y la tercera sobre las 12.50 horas. Fueron conducidas por 21 almadieros, y sólo la segunda tuvo un pequeño problema al descender la presa, perdiendo el rumbo, dirigiéndose contra el público y atascándose en forma de tijera.
Jesús Aspurz Sanz e Iñaki Sagredo Garde, de 50 y 40 años, eran dos de sus almadieros. "Hemos bajado un poco fuerte y se nos ha ido. Lo hemos pasado mal por si pegábamos con los remos a la gente que estaba en el pedregal del medio del río", relataron.
Iñaki Ayerra Arrarás, alcalde de Burgui y almadiero, destacó la "gran afluencia de personas" y señaló que "como hasta hace una semana el Esca bajaba con mucha más agua, este año no se realizó una presa para contenerla y soltarla en el momento del descenso".
Hubo almadieros de todas las edades, e incluso algunos de los más pequeños ya apuntan maneras para sucederles. Era el caso de los hermanos mellizos de 5 años Eneko y Mikel Munárriz Bidegain, con casa en la localidad, que se ataviaron de almadieros. "Venimos todos los años y nos encantaría montarnos en una almadía, aunque nos mojemos", dijeron.
La fiesta se ha desarrollado en Burgui entre el jueves y ayer con decenas de actos. Ayer, día grande, se sumaron a los miles de visitantes autoridades forales como la consejera de Desarrollo Rural, Begoña Sanzberro; el director general de Administración Local, Pedro Pegenaute; y el presidente de CDN, José Andrés Burguete. El viernes noche, y fruto de la colaboración este año de colectivos de La Pobla de Segur, tuvo lugar en la localidad un espectáculo de teatro, música y pirotecnia junto al río sobre la vida del almadiero. "Será la primera vez que habrá habido fuegos artificiales en Burgui. Parecía Pamplona por San Fermín", sentenció emocionado Félix Sanz Zabalza, presidente de los almadieros navarros.
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