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SUCEDIÓ EN VERANO | 1964

Javier se "mudó" a 500 metros

Hace 46 años, cada vez más peregrinos acudían a Javier, lo que motivó que el pueblo fuera trasladado. Aquel verano, las dieciocho familias que lo habitaban pasaron de vivir en las faldas del castillo a la ubicación actual, medio kilómetro al sureste.

Actualizada Domingo, 1 de agosto de 2010 - 01:38 h.
  • A. PIUDO/C. REMÍREZ/A. VIDONDO . JAVIER

EL 6 de julio de 1964, Corpus Jaria Orduna estrenó el nuevo Javier. Ella y su marido, Ángel Abadía Zorroza, fueron los primeros habitantes del pueblo en su emplazamiento actual, tras ser trasladado medio kilómetro al sureste del castillo. En tres meses, durante aquel verano, otras 17 familias siguieron los pasos de este matrimonio, hasta completar la mudanza de todos los vecinos, un centenar. Hoy, la imagen del municipio pegado al castillo es sólo un recuerdo entre los mayores.

Para algunos jóvenes, una historia sorprendente y desconocida, reconoce María José Guindano Laborda, de 31 años, actual alcaldesa de la localidad.

El cambio de ubicación vino motivado por la necesidad de liberar el entorno del castillo para favorecer la concentración de peregrinos ante el santuario de Javier (las Javieradas habían comenzado a principios de los años 40). El espacio que quedaba al lado del castillo era a su vez el lugar donde convivían los vecinos del pueblo con los animales propios de la actividad agrícola. "Nos movieron de allí porque no se podía permitir semejante trajín de vacas, bueyes, caballos, tractores... en medio de toda aquella gente que venía", explica Ángel Ciprés Esparza, de 81 años y alcalde entre 1983 y 2007.

Él fue uno de los vecinos que vivió en primera persona aquel traslado. Recuerda que se realizó por iniciativa del padre jesuita José María Recondo Iribarren, encargado de obras. La construcción de las nuevas viviendas, de la explanada y de la zona turística corrió a cargo de la Diputación foral y el Patronato Artístico Nacional.

"Al principio, hubo opiniones diferentes sobre dónde había que hacer el nuevo pueblo", recuerda Ciprés. Tras descartarse una zona superior, otra a continuación del castillo o un lugar junto la carretera de Yesa, finalmente el proyecto se llevó a cabo en una zona llana ubicada medio kilómetro al sureste del pueblo original. En todo caso, en término de Javier, que en esa fecha no era una localidad al uso, sino unos terrenos propiedad de la duquesa de Villahermosa. Los vecinos no eran propietarios de las viviendas ni de las tierras que trabajaban. Eran renteros.

Un derribo muy rápido

El derribo fue tan rápido que a algunos les pilló sin haber terminado la mudanza. Como a Celia Pérez Martínez, de 81 años, que recuerda con amargura ese momento. "Nosotros lo pasamos muy mal. Mi marido estaba cosechando y, sin habernos cambiado todavía al pueblo de abajo, empezaron a tirar el tejado de nuestra casa". Los comienzos también resultaron duros en los nuevos hogares. Corpus Jaria, que hoy tiene 78 años, recuerda especialmente la soledad de los primeros días. "Ninguna de las casas estaba todavía habitada. Fue un cambio difícil".

Pese a todo, las nuevas viviendas convencieron enseguida a los habitantes de Javier. "Eran unas casas muy amplias, sólidas y buenas. Nada que ver con las llamadas "casas baratas", más bajitas, que se hacían en otros pueblos", destaca José María Guindano Ciprés, de 69 años. "Teníamos de todo, servicios, amplitud... Además, la diferencia con las casas antiguas era total. Allí no había baños, ni agua corriente, ni apenas luz o teléfono", destaca por su parte Celia Pérez.

Sin embargo, el grupo también comparte la nostalgia de que el pueblo antiguo tampoco estaba tan mal. "Era toda una maravilla, con casas de piedra en dos barriadas, frescas y con el ganado en la planta baja. Había una fuente en el centro de la plaza, y largas colas para coger agua", dice Ciprés. Guindano coincide, y añade que "toda la vida social se daba en esta plaza". "Un punto de interés diario era la llegada del autobús de La Roncalesa por la mañana y por la tarde. Gustaba ver quién iba o venía", rememora.

Fuencisla Albuquerque Rubio, de 78 años, llegó hace 53 a Javier como novicia de las Misioneras de Cristo Jesús. Su convento también se tuvo que trasladar junto al nuevo pueblo, y hoy esta casa acoge además una capilla y una residencia de ancianos. "Era un pueblo agrícola pobre, pobrísimo", rememora. "En el noviciado de las Misioneras estábamos entonces 80 chicas. No teníamos de nada, pero salías al pueblo y, aunque ellos tampoco tenían de nada, te encontrabas todas las puertas abiertas. Compartían contigo lo que tuvieran", asegura.

El pueblo ganó en calidad de vida con el traslado. Las nuevas viviendas contaban con teléfono, luz o agua corriente, y se sortearon entre las familias el 29 de junio de aquel mismo verano. Las había de tres tipos: cuatro eran grandes y con dos bajeras, otras seis grandes y con una bajera, y las ocho restantes, pequeñas y sin bajeras. Corpus Jaria y su marido , por ejemplo, fueron agraciados con una ubicada frente al consistorio. "Estábamos contentísimos. Tuvimos mucha suerte. Esta casa es de lo mejor", asegura.

Sin embargo, los vecinos de Javier nunca se desligaron del todo del entorno del castillo. Como feligreses, continúan acudiendo a la parroquia que quedó en pie junto al castillo para oír misa, y allí han celebrado bautizos, bodas y funerales. El cementerio es otro de los enclaves originales que permaneció en el mismo lugar. "Tenemos muchos recuerdos de momentos importantes de nuestras vidas que están arraigados en la parte de arriba", señala Guindano.

Compra de las casas

El siguiente paso en el proceso fue el de convertirse en propietarios, aunque no fue inmediato. "Las casas las hizo la Diputación y se las entregó a la duquesa, pero con la condición de que nos las vendiera. Tuvieron que pasar varios años para que así fuera, pero el ayuntamiento movió el tema y la compra se efectuó en los años 80, con Urralburu en la presidencia del Gobierno", recuerda Ángel Ciprés, que añade que las adquirieron "a precio de costo". "Ya después se fueron comprando tierras", agrega.

Así, el proyecto inicial se culminó casi en su totalidad, excepto una ambiciosa propuesta que no se pudo llevar a cabo por "cuestiones económicas", según Guindano. Y es que, tal y como recogen las crónicas de la época, estaba previsto construir una basílica subterránea frente al castillo con capacidad para 30.000 personas. Estaba pensada para poder albergar a todos los peregrinos en caso de mal tiempo, algo imposible en la existente.

Años después, esta pretensión cobró forma, aunque no como se ideó en los 60. Con motivo del V Centenario del nacimiento de San Francisco Javier, en 2006, el Gobierno foral construyó junto al edificio de los jesuitas el Aula Francisco de Jasso, un auditorio cubierto con capacidad para 1.300 personas que permite celebrar eucaristías.

Poco a poco, el pueblo de Javier también se fue dotando de nuevas viviendas y servicios. "Contamos con un presupuesto anual de apenas 7 millones de pesetas y, con él, se han hecho algunas cosas. Por ejemplo, ahora tenemos piscinas. También se hizo la concentración parcelaria", dice Ciprés.

Así, y con 113 habitantes, el nuevo Javier es hoy "un pueblo muy tranquilo para vivir", según sus vecinos. "De hecho, apenas nos enteramos de lo que pasa en torno al castillo, aunque algún turista despistado siempre se deja caer. Estamos muy a gusto y felices", dicen. Sólo le sacan un pero. "El pueblo necesita 8 o 10 familias más, con niños pequeños, que le den vida. A ver si alguien se anima y se viene a vivir aquí...", sentencian.

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Comentarios
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  • Me encanta Javier, es la paz y el sosiego, su cuidado entorno, sus bonitos jardines... una delicia para estar una larga temporada compartiendo el paso del tiempo con sus habitantes. Pepe Muñoz
  • A pues perdon, pensaba que era el rio, sera, que los arboles han crecido desde entonces, y no me he hubicado bien.No recuerdo una zona tan llana. Ardillicas de Javier, confundida
  • Y esa torre a la izquierda de la basílica que hoy no está, también la tiraron o que pasó?Encuentren las diferencias
  • que pena tirar por la borda un pueblo para que haya una explanada ,hoy no lo hubiesemos consentido puro caciquismo ilustradoeuskolabat
  • Pues a ver si se animan a terminar la carretera a Undues, que la Confederacion la anunció, pero no hay nada y es una pena que haya que dar la vuelta por Sos para ir a tres km escasos. Y de paso a ver si asfaltan la carretera del canal que está de pena, para poder dar una vuelta en bicio, o a pie.Turista
  • Donde ves el río en la foto? Curioso.interesante
  • Oye Ardillicas de Javier,en la foto no se ve el río, o sea que no se donde esta lo curioso.El pantano de Yesa según mi abuelo que fue ingeniero de esa obra se inauguro a finales de los cincuenta, asi que si la foto es aproximadamente de la fecha que dice, el pantano ya llevaba años funcionando. En conclusión en la foto el río pasa exactamente por donde pasa ahora y que se puese adivinar en la misma, no es lo que tu te imaginas, eso son campos de cultivo de la epoca. Saludos.Julian
  • Si que es sorprendente, la historia, no la conocia, aunque me parece una pena el desplazamiento de las casas. Durante todo el año Javier parece que esta "muerto", solo esta el castillo y el paisaje y los barracones. Curioso tambien ver la foto del rio, supongo que seria antes del pantano.Ardillicas de Javier

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