E L gran talento de López Vázquez solía estar tapado por los personajes que le tocaba interpretar, cómicos y a veces muy exagerados. Los tiempos no estaban para rechazar nada y eso explica que aceptara numerosos papeles de poca altura y otros que sí estuvieron al nivel de su capacidad interpretativa. Eso explica que su filmografía sea de unas 200 películas y que en un solo año llegara a intervenir en once obras.
Pero después de verle en El pisito hace cincuenta años, muchos aficionados supimos que podía ser un excelente actor de tragicomedias. Si Marco Ferreri había descubierto esa capacidad, Carlos Saura la demostró en tres películas que hizo con él entre 1967 y 1972 (Peppermint Frappé, El Jardín de las Delicias y La prima Angélica). El director añadió toques de sátira tan disimulados que engañó a la censura franquista. Y la prueba final la hizo Jaime de Armiñán al darle el papel de Adela Castro en Mi querida señorita, la historia trágica y finalmente esperanzadora de un caso de transexualismo.
El año 72 fue generoso con López Vázquez porque además de actuar bajo Saura y Armiñan fue el protagonista del cortometraje (34 minutos) La cabina de Antonio Mercero, que ganó un premio Emmy en la televisión norteamericana. Obra llena de símbolos sobre la sociedad de aquel tiempo, mostraba a López Vázquez en un difícil papel que representó sin la exageración en la que podía haber caído.
Como última película de su vida prefiero olvidar ¿Y tu quien eres?(2007) y recordar para final Luna de Avellaneda (2004) dirigida por Juan José Campanell, realizada en Argentina. Representaba a un personaje de su edad real y lo hacía muy bien. Parecía que no actuaba y eso era precisamente lo que en este caso daba interés a su papel, un anciano bondadoso e inteligente.
Por su capacidad de adaptación a distintos niveles de exigencia interpretativa, José Luis López Vázquez fue el actor más notable del cine español en el último medio siglo.
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