Las máquinas trabajan a 10 m de su casa, han perdido terreno, y el agua ya no llega a su depósito
A un lado están las obras de la futura autovía. A otro, una nueva gran rotonda que recoge el tráfico desviado de la carretera Nacional. Enfrente, la vía que da hoy acceso al Pirineo desde la Nacional. Y dentro de este reducido "triángulo" configurado en la Venta de Judas de Lumbier, alrededor del cual circulan al día 7.000 vehículos y camiones, y trabaja con fruición estos días la gran maquinaria de las obras de la Autovía a Jaca, se encuentran ellos.
"Nos han dejado acorralados", consideran resignados Nicolás Induráin Beorlegui y Trinidad Lizarraga Eusa. Tienen 80 y 74 años, y son naturales de Sabaiza y Urricelqui. Residen desde hace 35 años en un piso que compraron en Lumbier tras tener a su única hija, pero pasan "todo el día" en una casa de campo ubicada en la Venta de Judas. "Somos gente de campo, y nos aburriríamos sin andar aquí con los animales, o sin atender una huerta cercana", apuntan.
Este lugar se ha visto rodeado en los últimos meses por las obras de la autovía, que se abrirá al tráfico en la zona a finales de año. "No nos molesta tener la maquinaria a 10 metros. Nos hemos acostumbrado a verla y oírla. Pero sí es un incordio. Venimos a estar tranquilos", dicen. "Tenemos que andar con mucho ojo al salir a la calle por todo el movimiento que hay alrededor", añaden. Uno de los mayores sustos que han vivido en torno a las obras tuvo lugar el 8 de enero, cuando un camión de 44 toneladas volcó a 30 cm de su casa. "Si llega a pegar, nos la derrumba", aseveran.
"Además, estamos teniendo algunos inconvenientes", exponen. Para ejecutarse una rotonda mayor sobre otra anterior, por ejemplo, tuvieron que vender "unos 10.000 m2" de terreno ubicados en un campo anexo, junto a la carretera a Aibar, y tras la casa, espacio donde suelen sacar a algunos de sus animales (ovejas, gallinas, conejos, palomas, gatos, perros...) .
Asimismo, al otro lado de la vivienda, por donde pasaba la antigua Nacional, se ha reducido al máximo el terreno lindante con la casa de cara a ensanchar la calzada para el paso de la autovía. "Aquí almacenábamos el estiércol de los animales, pero ya no podemos entrar con el tractor y el remolque por peligro de caernos por el terraplén que se ha hecho", señalan.
Además de ver reducido su entorno de trabajo, estos dos vecinos de Lumbier critican que se ha visto afectado también su suministro de agua. "Teníamos un depósito junto a la casa al que llegaba un agua excelente desde una fuente. Cuando ampliaron la rotonda nos hicieron un depósito nuevo y una toma hacia la vivienda, pero se ve que movieron tierras aquí y allá, y ya apenas nos llega agua. Y la que sale es turbia", sostienen.
"Lamentamos también que nadie haya venido a hablar con nosotros para informarnos de nada, salvo cuando nos tenían que quitar terreno, o cuando nos aconsejaron hacer fotos de la casa por si se caían tejas o se abrían grietas por el paso de apisonadoras. Tuvimos que traer hasta a un notario que nos costó 180 euros, pero a día de hoy no ha pasado nada", dicen.
La venta "auténtica"
La casa de campo de Nicolás y Trinidad es, según aseguran, "la auténtica venta de Judas, que dio nombre a la zona". Es hoy la única edificación en pie del lugar. "Es una casa de piedra que años atrás, al ser éste un cruce de caminos, hacía las veces de venta. Aquí se hacían transbordos y cambios de caballos", rememoran. "Se dice que el nombre se le dio no porque aquí trabajara alguien llamado Judas, sino porque uno que vivía aquí era más malo que Judas. Y así se quedó la cosa", sentencian.
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Trinidad Lizarraga Eusa y Nicolás Induráin Beorlegui, en la puerta de su casa de campo. JAVIER SESMA
Vista de las obras en la Venta de Judas. La casa, entre las dos rotondas. Junto a ella, de izda. a dcha., discurre el trazado de la futura autovía.
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