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PAMPLONA

El autillo que se quedó en El Vergel

En la tradicional suelta de crías que acoge la residencia, una optó por volar "muy cerca".

Actualizada Jueves, 3 de septiembre de 2009 - 04:00 h.
  • CARMEN REMÍREZ . PAMPLONA

SUS "hermanos" llegaron a cruzar Gibraltar el año pasado, pero él no parece tan ambicioso. Por lo menos a priori. El primer vuelo de una de las seis crías de autillo (similar al búho, pero de menor tamaño) que echaron ayer a volar en el jardín de la residencia El Vergel le llevó exactamente de las manos de Hermenegildo Berrio, uno de los residentes, a una habitación del edificio anexo. Ni árboles, ni tejados ni cielo abierto.

Apenas treinta metros hasta el alféizar de una ventana. Subieron a buscarle trabajadoras del centro y Carlos González Crespo, biólogo del Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de Ilundáin y encargado de los animales. "Pues nos lo quedamos de mascota", exclamaban divertidos algunos de los abuelos. El biólogo explicaba poco después que esa conducta no tiene nada de anormal. "Ha ido buscando un lugar para posarse y se ha encontrado una ventana abierta que le ha venido estupendamente". Tras un golpecito de González, el polluelo reemprendió el vuelo.

"No pesan nada"

Cerca de medio centenar de los 150 residentes en El Vergel se dieron cita en el jardín para presenciar la suelta de las aves, que hasta ahora habían permanecido en Ilundáin. La expectación fue tal que, varias trabajadoras tuvieron que traer más sillas para que nadie tuviera que presenciar el espectáculo de pie. Siguiendo las órdenes de Carlos González, seis voluntarios se pusieron los guantes y sosteniendo la cría en sus manos, la impulsaron al aire para que por sí misma volara hasta los árboles más cercanos. Los protagonistas fueron, por este orden: José Luis Ayesa, Miguela Zapater, Teresa Hermosilla, Aquilino Gil, Hermenegildo Berrio, y Rufino Pérez. "El autillo le ha guiñado un ojo a Rufino", comentaban en la primera fila. Miguela Zapater y Teresa Hermosilla debatían los pormenores de la suelta. "Yo lo he echado muy bien", aseguraba la primera. "Pues el mío no pesaba nada. Era precioso. Me lo quería quedar". El director de El Vergel, Javier De Prada Pérez, sonreía satisfecho. "Estamos muy contentos del interés que despierta en los residentes actividades como ésta".

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Hermenegildo Berrio, residente en el centro de El Vergel, procede a la suelta de un polluelo. CALLEJA


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