x
Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
SOCIEDAD

Itzandegia, provincia de Holanda

Hicieron el Camino en su día y les marcó lo suficiente como para volver a trabajar por él

Actualizada Martes, 11 de agosto de 2009 - 04:00 h.
  • ASIER SOLANA BERMEJO . RONCESVALLES

SON las diez en punto de la noche en el refugio Itzandegia. Herman Holtmaat baja poco a poco las luces hasta que la noche cubre por completo al peregrino, y pulsa el play en la minicadena. En ese momento, una música espiritual reverbera entre las paredes de piedra y los arcos en punta del edificio, cuando la magia del sueño arropa a todos los caminantes, que disfrutan de un reparador descanso en su litera.

Holtmaat invirtió en el año 2000 cuatro meses en recorrer a pie la distancia que separa Amsterdam, su ciudad, de Finisterre, y sabe como nadie qué significa sufrir en el Camino, algo que la mayor parte de quienes duermen en Roncesvalles ignoran. "Es el principio del recorrido para los españoles, que llegan llenos de energías. Notamos un gran contraste con los extranjeros que vienen de San Juan de Pie de Port, mucho más relajados y tranquilos", explica este holandés de 61 años. Alto, delgado y de bigote canoso, emplea sus vacaciones de verano como hospitalero del albergue dependiente de la Colegiata de Roncesvalles.

Junto a él, Annelies Ramakers y Anemarteen Bosma, también holandesas, se encargan de que las decenas de peregrinos que recalan cada día en la primera etapa española del Camino Francés. Los tres pertenecen a la Asociación Holandesa de Amigos del Camino, que cuenta con unos 8.000 socios. Unos cincuenta de ellos se encargan desde marzo hasta noviembre del refugio Itzandegia, en turnos de dos semanas.

Y todo gratis

Lo hacen porque una vez ellos pisaron la senda que lleva hasta Santiago, y algo especial quedó en su interior. "Colaboro todos los años desde 2003, cuando empezamos a colaborar con los sacerdotes de aquí, porque necesito seguir en contacto con ese sentimiento que experimenté en el Camino", confiesa Holtmaat. Para Annelies Ranakers, 61 años, es más una cuestión de pagar una deuda: "El peregrinaje me dio algo que tengo que devolver". El caso de Annemarlen Bosma, 23 años, es un poco más curioso. Estudiante de español, fue su padre quien había hecho el Camino y le sugirió vivir esta experiencia. Fue, por tanto, hospitalera antes que peregrina, para repetir como voluntaria en el albergue. De ese modo, mientras trabaja tiene la oportunidad de practicar su español con los caminantes, a la vez que en los ratos libres repasa su conocimiento de nuestra lengua leyendo Fuenteovejuna, la célebre obra del no menos insigne Lope de Vega. "La verdad es que tiene algunas palabras de castellano antiguo difíciles de entender", comenta. Precisamente, el plurilingüismo es imprescindible para atender a quienes, procedentes de toda Europa, tratan de llegar a Santiago. Bosma y Holtmat hablan cuatro idiomas cada uno; Ranakers, seis.

Un trabajo exigente y agradecido por los peregrinos, pero sobre todo por Jesús Idoate, prior de la Colegiata: "Si no fuera por ellos, no imagino cómo podríamos mantener abierto el refugio". Idoate remarca, además, que lo hacen gratis, y "se pagan hasta el viaje para venir aquí". Los canónigos les dan, eso sí, techo y comida. "Los sacerdotes se encargan de que no muramos de hambre", dice Holtmaat mientras abre el frigorífico lleno de fruta, y también pollo. "Más del que podemos comer", bromea.

Diariodenavarra.es no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores La discrepancia y la disparidad de puntos de vista serán siempre bienvenidos mientras no ataquen, amenacen o insulten a una persona, empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan obscenidades u otros contenidos de mal gusto.
Diariodenavarra.es se reserva el derecho a decidir las noticias que admiten comentarios de los lectores.

Atención: Tu petición no ha sido procesada correctamente. Comprueba que has rellenado todos los campos obligatorios correctamente y vuelve a intentarlo.

(*) Todas las opiniones que tengan rellenados estos campos pueden aparecer publicadas en el periódico impreso

Annelies Ranakers señala su pueblo en un mapa de Holanda, observada por sus compañeros.

Herman Holtmaat en el mini-ciber del refugio Itzandegia. JESÚS GARZARÓN


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra
  • Si esto hace falta que lo paguen y los voluntarios se dediquen a otras cosas ,que por cierto buena falta hace el trabajo en esa zona.xabirulko
  • Otra vez el hermitaño del refugio de Eunate tira la toalla antes de no irse completamente quemado, por culpa de a falta de ayudas de la Diputación entre otros.Gracias a este hermitaño francés por su trabajo benébolo durante unos tres años!. Muchos peregrinos lo recordarán!. BON VENT!RG

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual