Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa Boletines
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
CULTURA Y SOCIEDAD

Los abanicos que regalaba Lázaro Galdiano

El Museo Lázaro Galdiano exhibe hasta mediados de agosto medio centenar de abanicos de los que José Lázaro Galdiano regalaba a su esposa, Paula Florido y Toledo, una colección centrada en los siglos XVIII y XIX

Actualizada Lunes, 3 de agosto de 2009 - 04:00 h.
  • MARÍA ANTONIA ESTÉVEZ . MADRID

H ASTA mediados de agosto, el Museo Lázaro Galdiano tendrá abierta la exposición más veraniega de todo Madrid porque va de abanicos.

¡Pero qué abanicos! ¿Qué podía hacer un marido enamorado para complacer a una esposa, tan apasionada coleccionista como él, sino regalarle las mejores piezas que le ofrecían los marchantes de su tiempo? Desde el principio de su matrimonio, José Lázaro Galdiano sorprendía cada año a su esposa con dos abanicos: uno el día de su cumpleaños, el 15 de enero, y otra el día de su santo, el 29 de junio, iniciando así una nueva colección que contó desde sus orígenes con la complicidad de ambos y a la que, seguramente, Lázaro se empeñaría en la difícil empresa de mejorar cada año su regalo.

Aunque no debía haber encontrado muchos problemas para conseguirse los mejores abanicos que circulaban por el mundo del coleccionismo porque en cuanto se corrió la voz de que Lázaro buscaba abanicos singulares para su esposa, los marchantes, seguramente, como ocurría con otras piezas de las colecciones que engalanan su palacio madrileño, ofrecerían al mecenas navarro sus mejores piezas, lo cierto fue que estos abanicos fueron objeto de una búsqueda incansable, "de meses incluso años", como dice en el catálogo la experta Carmen Espinosa. El resultado de aquella búsqueda arroja una colección extraordinaria centrada fundamentalmente en los siglos XVIII y XIX que es cuando el abanico alcanzó su máximo momento de uso y esplendor.

La historia de los siglos galantes

Por eso, en la muestra que ofrece la Fundación Lázaro y que reúne medio centenar de los 87 abanicos que se conservan en los fondos del museo, se encuentran abanicos como el conmemorativo de la boda de Luis Fernando, delfín de Francia, con María Teresa Rafaela, infanta de España, que data de 1745, un fastuoso abanico con varillaje de marfil calado, cincelado, pintado y dorado con aplicaciones de plata y madreperla y gemas engarzadas. O como el abanico italiano de La toilette(primer tercio del XVIII) dedicado a la nueva sociabilidad femenina y que representa a las señoras ante el tocador con sus respectivos cicisbeos, los encargados de preparar todos sus afeites y darles una opinión acerca del efecto que iba produciendo en sus rostros, o el curioso abanico de baraja de George Bastard de 1911, uno de los grandes diseñadores del Art Decó, realizado en celuloide con aplicaciones de nácar sujetas con clavillos de plata, cinta de seda y ópalo engastado en plata.

Hay abanicos poblados de miniaturas sobre estampas mitológicas, amores románticos, fiestas galantes con damas meciéndose en columpios floridos, temas pastorales y bailes campestres, acontecimientos históricos como las gestas de Alejandro Magno. Y todo ello bordeado de orlas y ribetes dorados y plateados, varillajes de maderas preciosas, de marfil o carey con incrustaciones de fragmentos de oro y plata, de nácar y piedras preciosas, incluso brillantes que proporcionan al abanico una suntuosidad nunca después superada. ¿Eran estos abanicos-joya los preferidos de Paula Florido? La tres veces viuda y millonaria argentina con la que se casó Lázaro Galdiano no había tenido demasiada tranquilidad para gozar de las cosas de este mundo. Con sólo 17 años, se casó con el español Francisco Ibarra Otaola, residente en aquel país. De ellos nació el único hijo que les sobreviviría. Tras enviudar, volvió a casarse con un periodista gallego también residente en Argentina, que le dio una hija. El matrimonio fue muy breve porque tres años después, viuda de nuevo, Paula Florido volvió a casarse con el porteño Pedro Gache que también le dio un hijo. Nuevamente viuda, con 47 años, Paula Florido encontró por fin a Lázaro Galdiano con el que vivió toda su vida en su palacio de la calle Serrano que lleva su nombre, Palacio Florido, del que este año se celebra el centenario de su inauguración.

Es posible que los abanicos regalados por Lázaro colmaran tanto su coquetería femenina como su pasión coleccionista porque lo que sí es cierto es que a través de esta colección puede uno adentrarse en lo que significó el abanico en el arte, el lujo y la sociabilidad que envolvió el mundo femenino en aquellos dos siglos irrepetibles, y cómo fue evolucionando hacia una modernidad mucho más pragmática.

Un lenguaje especial

El magnífico catálogo de la colección que ha comisariado Jesusa Vega, hasta ahora directora del Museo y de la Fundación Lázaro, incluye un texto del escritor y periodista de aquellos años, José Blanco White, cuya sola lectura nos introduce en aquel mundo de significados ocultos y misteriosos en el que vivían las mujeres del XVIII. Cuenta Blanco, cómo el abanico se convirtió en una necesidad porque tenía "la gran ventaja de ser capaz de transmitir el pensamiento a larga distancia": un rápido y trémulo golpe de abanico significaba un cariñoso saludo a un amigo al otro lado del parque. Pero ¡ay! de aquel a quien la dama castigara con su indiferencia: "es despachado perentoriamente, dice Blanco, con una lenta y formal inclinación del abanico que helará la sangre de sus venas".

El abanico servía a las damas de aquel tiempo para ocultar risas y murmullos, "o para condensar una sonrisa en los chispeantes ojos negros que se asoman justamente encima de él". Bastaba, dice Banco White, un gracioso golpe de abanico para reclamar la atención del descuidado o un amplio movimiento ondulante para atraer al que se encuentra lejos. Pero al darle nerviosamente vueltas y más vueltas entre los dedos, su propietaria delataba su ansiedad mientras que un rápido abrir y cerrar de sus varillas delataba la impaciencia y alegría de su dueña.

Paula Florido los lució en los muchos viajes que realizó a Europa y América con su marido y sobre todo en las fastuosas fiestas del Palacio Florido a las que acudía toda la alta sociedad madrileña de su tiempo. Pero un día los salones se cerraron y los abanicos se plegaron para siempre. Ocurrió durante los años difíciles de la pareja, tras el fallecimiento de los dos hijos de Paula, en 1916 y 1919. Dese entonces el luto se instaló en la casa y cuando Paula murió en el otoño de 1932, a Lázaro le resultó insoportable aquel palacio que dejo de ser su residencia habitual.

Diariodenavarra.es no se responsabiliza ni comparte necesariamente las ideas o manifestaciones depositadas en las opiniones por sus lectores La discrepancia y la disparidad de puntos de vista serán siempre bienvenidos mientras no ataquen, amenacen o insulten a una persona, empresa, institución o colectivo, revelen información privada de los mismos, incluyan publicidad comercial o autopromoción y contengan obscenidades u otros contenidos de mal gusto.
Diariodenavarra.es se reserva el derecho a decidir las noticias que admiten comentarios de los lectores.

Atención: Tu petición no ha sido procesada correctamente. Comprueba que has rellenado todos los campos obligatorios correctamente y vuelve a intentarlo.

(*) Todas las opiniones que tengan rellenados estos campos pueden aparecer publicadas en el periódico impreso

Paula Florido y Toledo, con uno de sus abanicos, en una foto de 1903. MUSEO LÁZARO GALDIANO


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar con muy poca publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra