Un incendio en Petilla en 1994 arrasó 1.500 hectáreas. Era el fuego más grave ocurrido hasta ahora en Navarra. Ya hay un segundo, el de la sierra de Izaga.
EL incendio en la sierra de Izaga lo ha convertido en el más dramático de los últimos quince años. A partir de aquí, puede parecer que aportar cualquier otro dato carece de sentido. Y, sin embargo, es en esa comparación de los números de los veranos desde 1994 cuando se pone de relieve, más si cabe, la gravedad de lo ocurrido esta semana en ese paraje que comparten los valles de Unciti e Izagaondoa.
En este triste ránking, a Izaga sólo supera un incendio ocurrido en julio de 1994 en Petilla de Aragón: un devastador incendio, iniciado por un rayo, arrasó 20.000 hectáreas, 1.500 de las cuales pertenecían al enclave navarro de Petilla.
Hay que remontarse al verano de 2005 para encontrar un dato global de hectáreas quemadas con relevancia. Entonces fueron 1.156 hectáreas en toda la campaña. Ahora, con las que se estiman en Izaga (900) y Juslapeña (200) y las oficiales de Sansoáin de la semana pasada (35), la cifra se acerca.
Tal vez permanezcan en la mente incendios que llamaron la atención por la extensión de lo afectado o por el impacto social que causaron. Así ocurrió con el monte San Cristóbal, en la cuenca de Pamplona, en agosto de 2005. Ardió la cara norte, poblada de pinos, 145 hectáreas (95 de arbolado), y el trabajo ininterrumpido de los servicios de extinción sumó entonces 60 horas.
El de 2005 fue un verano complicado. Sólo cuatro días antes de San Cristóbal se declaró un incendio en El Carrascal (110 hectáreas, 30 de arbolado). Ya en agosto el fuego arrasó 300 hectáreas en Gallipienzo, entre los montes Aurino Alto y Aurino Bajo (que habían sufrido otro incendio en 2001, 200 hectáreas), un número que volvería repetirse en otro incendio entre Arguiñáriz y Guirguillano.
Las 900 hectáreas que se estiman quemadas ahora echan por tierra los buenos resultados de julio y agosto de 2008: sólo ardieron 11,74 hectáreas. A mitad del verano de 2007 se conocieron los datos de junio y julio: 200 hectáreas quemadas (58 de arbolado) en 209 fuegos. Y en 2006, la meteorología del verano tuvo muy poco de estival. Pero fue precisamente la ausencia de las altas temperaturas uno de los tres factores que ayudaron a que los incendios hubieran quemado 586 hectáreas de vegetación. Uno de los más graves se produjo en la Sierra de Peña, en la muga con Aragón, donde comenzó el fuego. Ardieron 340 hectáreas, 240 forestales.
De forma esquemática se presentan otros datos. 1995: Lerín (200 de pino y monte bajo), Yerri (200) y Ujué (350 de monte bajo). 1996: Abáigar (100 de monte bajo y rastrojera). 1998: Aranguren (100 de cereal y pinos). 1999: Mélida (200 de rastrojo y 20 de pinos). 2000: Aritzakun (120).
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