La jornada de Antonio Catalán comienza a las ocho menos cuarto de la mañana. A no ser, y ocurre dos o tres veces por semana, que a las seis de la mañana suene el despertador para coger el primer avión o sacar su Audi para ir con su equipo a visitar sus hoteles. Cien mil kilómetros marca su cuentakilómetros cada año. "No dejo que nadie conduzca. Me relaja, me gusta conducir oyendo el run run de los ordenadores del equipo que me acompaña y que me van contando las novedades. Si toca bocata, bocata, porque a veces ni tiempo para comer".
Catalán hace una hora de deporte al día. Cuando puede, coge el camino de su urbanización, cercana a este hotel y perdida en los bosques de Pozuelo, y la recorre de arriba abajo por un circuito de 22 km. Los fines de semana transcurren entre deporte, generalmente más bici, los niños ("Toñete tiene una magnífica relación con sus sobrinos que tienen la mitad de años que él, que le llaman tío y le adoran"), hijos que van y vienen... ¿Vacaciones? Tres semanas en agosto repartidas entre la casa de Ibiza y la de Las Palmas. "Ibiza es un laberinto de hijos nueras, nietos, Toñete... un follón espectacular. En Palma nos quedamos solos con los pequeños, mucho más relajados"
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