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Rabo para premiar una soberbia faena de Hermoso en la corrida de rejones

Resultaron alcanzados y heridos de consideración dos de los caballos de la cuadra de Galán: Apolo y Fado

Actualizada Lunes, 6 de julio de 2009 - 22:26 h.
  • AGENCIAS. Pamplona

La primera mitad de la corrida de rejones fue muy accidentada. En piso resbaladizo se sentaron, perdieron las manos, estuvieron a punto de caerse o llegaron a caerse hasta cuatro caballos. Dos de Pablo Hermoso: Dalí y Pirata, el que para los toros y los castiga de salida y el que los entra a matar. Y dos de Sergio Galán: Apolo y Fado, que son banderilleros. Es decir, muleteros los dos. Sólo por fortuna el alazano Dalí salió ileso de un patinazo casi en los medios y a merced del toro, que atacaba en serio. Los reflejos de Pirata lo libraron del mal muy de milagro.

Los dos caballos de Galán, en cambio, sufrieron graves cogidas. Inermes e indefensos, fueron arrollados y corneados los dos. Uno, en el vientre; otro, en un anca. Fuera de combate uno y otro. Los dos volvieron a cuadras sin monta y sangrando. Los areneros de Pamplona, que saben trabajar a modo, cumplieron su trabajo en todos los turnos. Por lo que fuera, en la segunda mitad de corrida ningún caballo volvió a patinarse ni a irse de boca ni manos. Por eso y no sólo por eso, la segunda mitad de la corrida fue con diferencia mucho más feliz. Y mucho mejor también.

Pablo Hermoso cortó un rabo, y no fue de regalo, sino espléndido premio para una faena espléndida, redonda, sin pausas, de exigente clasicismo, y de tal perfección que sólo cabría señalar en ella un error y nada más que uno: la ligera renuncia de Silveti en lo que iba a ser su primer embroque de banderillas en los medios y apitón contrario. Y con un bravísimo toro Aventurero que no dejó de querer ni de atender y venir. Ligeramente contraria, como tantas veces sucede cuando se mata a caballo, la estocada fue fulminante. Al rodar el toro se desató uno de esos delirios tan de Pamplona, que parecen una explosión de ebriedad en cadena: una oreja, otra, el rabo. Y el coro deportivo de "¡Oé, oé, oé...!" para subrayar una vuelta al ruedo del todo singular: primero, porque en detalle de torero generoso, Pablo hizo salir al mayoral de Bohórquez a saludar y, cuando lo tuvo fuera del burladero, le invitó irresistiblemente a dar la vuela con él.

Nada más empezar la vuelta, Pablo reclamó la aparición por la puerta de cuadrillas del tordo Caviar, su nueva estrella fulgurante, que había batido en terrenos del toro Aventurero varias veces, había casi volado en piruetas ceñidísimas y había puesto a la gente en pie porque, siendo caballo, no se puede torear con mayor sentido del riesgo. Era Pablo más que el caballo, probablemente. O eran los dos. Y el toro, que no fue manco. Y por eso acabaron dando la vuelta juntos el mayoral, Hermoso y el caballo. Uno de los areneros, al tener a Caviar a su lado, le dio un beso en los belfos. Así estaba el patio.

Desde los medios, Pablo dejó luego a Caviar irse por su cuenta en un galope elegantísimo. La torda Estella paró a ese quinto toro con temple. Hermoso toreó de maravilla con la bandera. Y con el dócil y elástico Silveti prendió tres farpas en todo lo alto después de dibujar y marcar embroques despaciosos al pitón contrario. La torería de reuniones y salidas; el sentido del toreo de Pablo, su manera de entender las distancias, los tiempos, la armonía de una faena; su pericia de jinete fuera de serie. La disciplina de la cuadra. La exhibición fue inapelable. Y el mérito secreto, o no tan secreto, fue que Pablo arriesgara tanto cuando la tarde llevaba de saldo para entonces dos caballos heridos y tres o cuatro percances. El gran castaño Chenel salió alcanzado y ligeramente tropezado, pero ileso, tras prender Pablo en los medios una farpa al segundo de corrida, que fue de los bravos de esta corrida de Bohórquez tan importante: por su volumen, por sus hechuras, por su fondo, por su calidad.

Clase tuvo el cuarto y lo toreó bien de verdad Joao Salgueiro, que llevaba cinco años sin torear en España pero dejó claro que es de primerísimo nivel: la alta escuela portuguesa, con la gota de fantasía para suspender en el vuelo de un escorzo, un caballo de banderillas. Durante la lidia del cuarto la gente estaba merendando. El buen aire de Salgueiro se saboreó a dos carrillos.

Pero Salgueiro falló con el rejón de muerte, como es tradicional en los caballeros portugueses, y falló con el descabello. Por eso no pudo saborear ni compartir las mieles del triunfo con Pablo y con Galán, que superó la adversidad con casta y, con dos de los grandes de su cuadra, el bayo Montoliú y el tordo Capea, se templó espectacularmente en el sexto toro, que fue distinto a los demás por fuera pero no por dentro. En las reuniones a pitón contrario, de caro riesgo, Galán emocionó a la gente. La estocada fue perfecta. Y eso mandó al olvido las desdichas del primer turno, que había empezado con tronío. Hasta que se torció. El primero fue el único toro deslucido del festejo: por claudicar. Salgueiro hizo bellas cosas: galopar de costado, ajustarse mucho, ir de caras en el rejón de castigo. Hermoso anduvo seguro y poderoso con el segundo de la tarde, que galopó sin desmayo ni tregua. Con el valiente Ícaro toreó con los pechos con descaro. Como si fuera toreo por delante. Nada sencillo.

Ficha del festejo

Pamplona. 1ª de San Fermín. Lleno. Soleado y fresco.

Seis toros despuntados para rejones de Fermín Bohórquez. Corrida de grandes hechuras. Segundo y quinto, bravos y de gran movilidad, muy completos. El primero flojeó y dio menos juego que los tres restantes, que se emplearon bien.

Joao Salgueiro, aplausos en los dos. Pablo Hermoso de Mendoza, una oreja y dos orejas y rabo. Sergio Galán, aplausos y dos orejas.

Resultaron alcanzados y heridos de consideración dos de los caballos de la cuadra de Galán: Apolo y Fado. Pablo Hermoso sacó al mayoral a saludar tras el arrastre del quinto y le hizo dar la vuelta al ruedo junto a él y al caballo Caviar.

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El rejoneador Joao Salgueiro ante uno de sus toros durante la corrida de rejones de la Feria de San Fermín que se ha celebrado hoy en el coso pamplonés donde ha compartido cartel con Pablo Hermoso de Mendoza y Sergio Galán y se han lidiado reses de Fermín Bohórquez.


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