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FÚTBOL

OLIVEIRA, LA SONRISA DEL GOL

El regreso del brasileño a Heliópolis ha deparado tres tantos en cinco encuentros

Actualizada Domingo, 15 de marzo de 2009 - 04:00 h.
  • FERNANDO CIORDIA . ENVIADO ESPECIAL A SEVILLA

Ricardo Oliveira vive su segunda etapa en Heliópolis. En Sevilla se le esperó con los brazos abiertos desde que comenzó 2009, y no ha defraudado. Procedente del Zaragoza, su regreso al Betis se produjo en las últimas horas del cierre del mercado de invierno a cambio de 9 millones de euros por la mitad de sus derechos.

Debutó el 8 de febrero en el derbi hispalense con un tanto decisivo y sus números están siendo espectaculares: tres goles y dos balones al poste en cinco encuentros. Osasuna lo debe atar en corto. Su punta de velocidad es endiablada, por lo que darle un centímetro de más sería un suicidio. Ya se sabe que la definición del delantero es determinante.

"Para nosotros es un partido clave y muy importante", comentaba esta semana en Sevilla. "Se trata de un rival que está en la zona baja, ahí peleando con varios equipos y en el que lo único que nos interesa es sacar los tres puntos, así que debemos plantear este partido como una final para alejarnos del descenso y también de Osasuna, un conjunto que estará luchando hasta el final".

Su difícil infancia en Brasil

Ricardo Oliveira nació un 6 de mayo de 1980 en Sao Paulo, dentro de una familia humilde. El fallecimiento de su padre a los 8 años le marcó en su infancia, igual de dura que su adolescencia. Recuerda a menudo que a los 15 años la necesidad y el hambre le empujaron a la calle para revender los objetos que recogía, y a pedir dinero y comida para sobrevivir. Oliveira declaró en una entrevista que sus amigos eligieron el sencillo camino del robo y las drogas. Algunos terminaron en la cárcel o murieron. Él, sin embargo, se agarró al fútbol como a un clavo ardiendo. El deporte arrancaba una sonrisa, ésa que cada domingo ofrece a los aficionados cuando marca un gol.

El Valencia lo trajo en 2003 a Europa procedente del Santos, con quien ganó una liga brasileña y fue máximo goleador de la Copa Libertadores. En Mestalla, una plaza crítica donde las haya, no terminó de romper. Pese a todo jugó 21 partidos y anotó 8 goles para contribuir a ganar la Liga y la Copa de la UEFA. Explotaría en el Betis un año después. Oliveira ganó la final de la Copa del Rey ante Osasuna y anotó en la Liga 22 goles, su mejor marca.

Del todo a la nada

El internacional brasileño llevó al club de Lopera a la Champions pero todas estas alegrías se tornarían en tristezas precisamente en esta mágica competición. El día en el que el Betis derrotaba en Sevilla al Chelsea (1-0), el estadio abroncaba al entonces presidente verdiblanco y se alarmaba por la grave lesión que había sufrido su preciada figura del gol.

Padeció entonces la cara más amarga del fútbol. Oliveira se rompió la rodilla y optó por recuperarse en su país, a préstamo en el Sao Paulo. El brasileño remontó el vuelo y en agosto de 2006 firmó el gran contrato de su vida: cinco años por el Milán.

En Italia su juego no se adaptó del todo, por lo que un año después recuperó la sonrisa al conseguir el regreso a la liga española. En este caso, como cedido con la camiseta del Zaragoza. Marcó 18 goles y mantuvo un duelo deportivo con su compañero Diego Milito que no fue suficiente para salvar al equipo en Primera.

El club maño lo adquirió para jugar en Segunda. Pero ése no era su lugar. Ni mucho menos. Olympique de Lyon y Panathinaikos pelearon hasta el último instante. Tuvo que descartar estas ofertas. Hasta que llegó la del Betis. Oliveira sonríe otra vez.

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Ricardo Oliveira se divierte marcando goles. DN


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