392 metros esculpidos por la historia y la erosión de yesos y arcillas han entrado en la lista de las maravillas navarras. El barranco de Peñalén, espectacular promontorio de escarpada verticalidad, fue el escenario del regicidio de Sancho IV, apodado tras su muerte "el de Peñalén".
APROXIMARSE al barranco de Peñalén, en Funes, implica dejarse mecer por los vaivenes de la historia y la fuerza de la naturaleza. Su imponente silueta domina desde la atalaya los vastos parajes de la Ribera, enriquecidos por el cristalino tirachinas que forman los ríos Arga y Aragón al juntar sus caudales.
Pocos enclaves hay en la Comunidad foral que conjuguen su belleza salvaje con el trágico destino de un rey. En este caso, el de Sancho Garcés IV, sucesor de García Sánchez III el de Nájera. Monarca de Pamplona, las crónicas de la época aseguran que una conspiración, urdida por sus hermanos Ramón y Ermesenda, acabó con su vida el 4 de junio de 1076. Las insensibles manos de su hermano le despeñaron por el barranco durante una cacería. Aunque no cabe duda que Peñalén quedara marcado como el escenario del regicidio, no está tan clara la veracidad de esta historia. Otras fuentes apuntan a que fue el señor de Funes, marido engañado, quien no dudó en empujar al rey por el barranco al grito de "A señor rey alevoso, vasallo traidor". Al malogrado rey le bautizaron como Sancho el de Peñalén, y a su vez al promontorio se le adjudicó el sobrenombre de "barranco del rey". Su muerte condujo a que Alfonso VI de Castilla invadiera Navarra y ocupara La Rioja, y que Sancho Ramírez de Aragón fuera proclamado rey de Navarra.
La truculenta historia que aconteció en la cima de Peñalén inspiró la avispada pluma de Lope de Vega, que en 1602 rubricó con tinta la tragicomedia El príncipe despeñado.
Las escarpadas paredes de arcilla y yeso, acompañadas por areniscas, lodos y calizas, ascienden 392 metros dibujando la figura de un fraile, según los vecinos de Villafranca; una gran variedad de avifauna nidifica con fidelidad en las paredes y grietas de Peñalén.
El barranco desprende un gran atractivo tanto desde su base (en la zona conocida como "los royales") como cuando se corona la ascensión en la zona de "los llanos", envuelta en la fragancia del romero. La cima, a la que se puede acceder caminando por una pista o en vehículo, regala el abrazo efusivo del Arga y el Aragón antes de llegar al Ebro y un cuadro de sotos coloreados en ocre y vegetación, pródigos en setas y caracoles. La de Peñalén es una estampa digna de disfrutar con los sentidos.
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El promontorio de la Virgen, con el Arga al fondo. CORDOVILLA
Cigueñas en la reserva natural de Funes. CORDOVILLA
Alfredo, junto a la cueva "del gitano", en la que vivió su abuelo cuando era cazador. CORDOVILLA
La arcilla de Peñalén tiene propiedades curativas. CORDOVILLA
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