La banda terrorista ETA ha querido una vez más acallar la libertad de expresión con su atentado contra la sede que comparten la televisión vasca, los diarios El Mundo y Deia, y Antena 3, como si sus bombas pudieran mermar los derechos de una sociedad que repudia sus prácticas criminales. Faltos de todo apoyo, salvo el de los fanáticos de siempre, los terroristas quieren recuperar el protagonismo que nadie les concede. Pero ya es tarde para ellos, y sólo les queda pagar ante la justicia su brutal y asesino proceder. Hoy, más que nunca, firmeza contra el terror y solidaridad con los medios de comunicación atacados.
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